02/09/2020

Opinión

La paradoja del asno de Juan Buridán, su vida, su fama

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
La paradoja del asno de Juan Buridán, su vida, su fama | El Diario 24 Ampliar (1 fotos)

La paradoja del asno de Juan Buridán, su vida, su fama

Juan Buridán nació cerca del 1300 en Béthune, Picardía, Francia. Se educó primero en el Colegio Lemoine, con un estipendio para estudiantes necesitados y luego, en la Universidad de París recibió su maestría en artes y una licencia formal para enseñar, a mediados de la década de 1320.

Disfrutó de una larga e ilustre carrera como maestro de artes en París, fue dos veces (en 1328 y 1340) rector de la universidad. Aparece por última vez vivito y coleando en un documento de 1358, adjudicando una disputa territorial entre las naciones inglesa y la picarda (el cuerpo estudiantil parisino en ese momento estaba organizado según el lugar de origen). Es posible que muriera poco después porque en 1361, uno de sus beneficios fue otorgado a otra persona.

Hasta ahí la historia, casi nada. Pero su fama de profesor y filósofo es menor que su leyenda. Una historia sostiene que el rey de Francia lo arrojó al Sena en un saco, por un escandaloso romance con la reina. También se dice que fundó la Universidad de Viena después de ser expulsado de París por el nominalismo de sus enseñanzas. Y se cuenta que golpeó al futuro Papa Clemente VI en la cabeza con un zapato, mientras competía por los afectos —digámoslo así— de la esposa de un zapatero alemán. Pero nada está probado.

Sin embargo estas anécdotas ilustran lo que el erudito francés Edmond Faral llamó los "bruits de ville" o "zumbido" que rodea al nombre de Buridán en los círculos parisinos.

En su tiempo no fue considerado un filósofo, principalmente, aunque no estudió teología, medicina o derecho, como Tomás de Aquino o Duns Escoto. Permaneció en la facultad de artes como clérigo regular, no se unió a los dominicos o a los franciscanos, pues tenía sus propios medios de vida, principalmente becas.

Fue muy singular en tiempos en que la luminosa Edad Media se desvanecía, sin saber muy bien hacia qué se abría paso. Luego de muerto, una campaña de los seguidores de Guilllermo de Ockham, colocó sus escritos en el Indexlibrorumprohibitorum de 1474 a 1481. Cuando la Iglesia Católica sabía lo que se debía estudiar en sus universidades, prohibía los libros que iban en contra de su doctrina.

¿Por qué es famoso el tío? Por la paradoja del asno de Buridán (lo más paradójico es que no figura en ninguno de sus libros) que se la atribuye Baruch Espinoza, quien, para enredar un poco más el asunto, no habla de asno sino de asna. Dicho en forma burda se expresa así: “Un asno puesto en el medio de dos montones de pasto, nunca se decidirá cuál comer y morirá de hambre”. El asunto cae de maduro, la alternativa es falsa, el asno irá para cualquier lado, sin importarle lo que opinen los filósofos. Pero es un problema bonito cuando se cae en la cuenta de que uno de los montones de pasto podría ser la prudencia para encarar una mujer y el otro la desmesura del amor. Puesto entre ambos, un hombre podría quedar paralizado y perder la mujer de su vida, como efectivamente ocurrió. Y miles de situaciones más.

Dicho así, un frío día de pandemia septembrina, el asunto suena extemporáneo, cualquier lector podría hacer la pregunta: ¿con todos los dramas que tenemos y este viene a hablarnos de un filósofo menor? Es la idea, amigo. En medio de toda la malaria, las malas noticias que atruenan desde los televisores, los diarios que no dan respiro a los crímenes de todo tipo, llevemos el pensamiento a territorios no tan prosaicos: protocolos, tapabocas, demoradas vacunas, curvas sin aplanarse, picos de enfermos, muertos, restricciones a la libertad. ¡Basta!

Hablemos de filosofía.

Juan Manuel Aragón                   

Leer más notas de Juan Manuel Aragón

©eldiario24.com



Recomienda esta nota: