06/09/2020

Opinión

El Zorro no deja dormir los sábados a la siesta

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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El Zorro no deja dormir los sábados a la siesta

Los sábados a la siesta el Zorro no me deja dormir. Todos los capítulos los he visto quichicientas veces y sigo sin cansarme. Todo lo de esa maravillosa serie tiene el sabor de la hora de leche. Recuerdo, hace mucho, en las casas del campo lo miraban grandes y chicos con el mismo entusiasmo. Si alguna vez fuera a Los Ángeles o a Monterrey, buscaría por todas partes sus huellas. Iría a la hacienda de don Alejandro de la Vega o a la taberna en que don Diego le convidaba vino a Demetrio López García, el sargento, para sacarle información.

Ya sé, no diga nada, el pago aquel ha cambiado. Los Ángeles es una ciudad muy grande. Esos lugares no están igual, quizás se han llenado de casas, calles, autos, edificios, plazas. Pero por ahí queda en pie algún camino, una señal, un cartel indicador de alguna de sus hazañas. Buscaría en el cielo alguna señal de don Diego de la Vega cabalgando por esos pagos, con su eterno traje rosa y su caballo ruano, mucho más lindo que Tornado, si quiere mi opinión.

También preguntaría a la gente si les enseñan en la escuela la historia del Zorro como a nosotros nos hacen aprender la de José de San Martín, Manuel Belgrano. Es un héroe fundamental de los norteamericanos, me parece, una personalidad señera, un prócer merecedor del bronce.

Eran tiempos más simples: para ocultar la identidad, bastaba con ponerse un antifaz y los demás no sabían su identidad. Te dicen: tenía la misma voz de don Diego de la Vega e idéntico bigotito y no sabían quién era. Se olvidan de Clark Kent: para convertirse en Súperman solamente se sacaba los anteojos y no lo reconocían, sí che, vení contame.

Está bien, es una serie de televisión, pero basada en hechos reales, ahí lo nombran al rey de España, a Napoleón Bonaparte y a varios otros, cuyas biografías bien las conocemos. Los creadores del programa no deben haber tenido tanta imaginación como para crear algo tan grande, ¿no?

Sería una gran desilusión enterarse de que en realidad el Zorro no existió, pues todo era un decorado para la televisión y Bernardo, el mudo, en realidad era un actor sin problemas de foniatría. Durante mi infancia sufrí varias desilusiones, la primera cuando me enteré del feo asunto de los Reyes Magos: no existían, eran los padres. La segunda decepción fue al saber que Carlos Arturo Juárez sí existía y no, no era el padre de los santiagueños como decían muchos.

Los amigos cuando me piden que uno de estos días, busque en internet datos de la serie, dicen “te vas a sorprender”. Pero no quiero enterarme de ese secreto escondido.

Algo oscuro me ocultan.

No quisiera ver destrozada la última ilusión de la niñez.

Porque el Zorro ha existido en la realidad, ¿verdad?

Diga que sí, diga que sí.

¡Por favor!

Juan Manuel Aragón                   

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