17/09/2020

Opinión

Cuáles son las condiciones necesarias para jugar al fútbol

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Cuáles son las condiciones necesarias para jugar al fútbol

Para jugar al fútbol no solamente es necesario tener las habilidades innatas o adquiridas, necesarias para practicarlo, más el conocimiento preciso de las normas del juego, sino también cierto espíritu de policía secreto, un alma sensible a los golpes de los rivales, grandes dotes histriónicas y cantidades industriales de saliva. Si no, olvídese, este deporte no es para usted.

Lo de las habilidades y las reglas del juego son condiciones obvias: las pasaremos por alto. Vayamos a lo otro. ¿No ha visto cuando llega un avance de los jugadores contrarios, los defensores y el arquero siempre señalan al rival supuestamente en orsai? En la cancha hay tres jueces, de ellos, uno tiene la facultad de mirar, desde un ángulo privilegiado, si hay o no “fuera de juego”. Si la jugada termina en gol, los defensores se irán encima de este hombre, pues no vio las señas que ellos hacían desesperadamente, marcando —como policías—al autor del tanto, en actitud de denunciantes seriales. En otros tiempos se les decía “maricones”, ahora, con esto de la corrección política sólo se los podría calificar como “canas”.

Se trata, como todos saben, de un juego con algunos contactos físicos. Siempre existe el riesgo de que un jugador, inadvertidamente, golpee a un contrario. Lo cual es sancionado por el referí de acuerdo a la gravedad del golpe, su interpretación de si fue un empujón o una patada intencional y el lugar del campo de juego de la acción. La sensibilidad de algunos, los lleva a tirarse al suelo ante cualquier roce, aunque sea mínimo, con un contrario. Como si no aguantaran ni el más leve tocamiento con los rivales. Pero ser sensible tiene sus riesgos, pues si bien el referí puede creer que hubo algo brusco y sancionar la falta, en ocasiones se da cuenta de la maniobra y termina sacando amarilla al caído en el suelo, por pícaro.

Las dotes de grandes actores de los jugadores se ven patentes cuando caen de verdad, debido al empujón o la patada de un rival. Se tirarán al pasto con los brazos abiertos, luego se harán un ovillo en el lugar del cuerpo que supuestamente debería dolerles y, sabiendo muchas veces que la televisión les enfocará el rostro, sus gestos de sufrimiento serán dignos de un Alfredo Alcón, un Pepe Soriano, un Rodolfo Bebán. Apenas el árbitro del partido decreta que hubo falta y sanciona un tiro libro o un penal, la congoja desaparece, el jugador se levanta y sigue como si nada.

No se entiende por qué escupen tanto, un esputo por minuto o tal vez más. Si fuera por el esfuerzo físico, el desgaste, la tensión, las emociones acumuladas o, en fin, el duro entrenamiento, también deberían andar expectorando a cada rato los tenistas, los jugadores de vóley, los basquetbolistas, los polistas o los rugbistas, los maratonistas o los levantadores de pesas. El fútbol es quizás el deporte más televisado del mundo, países enteros los observan: entonces los jugadores deberían guardar sus expectoraciones para otro momento. ¿No tienen miedo de que los esté mirando la madre por el aparato, justo cuando están haciendo semejante guarangada?

Eso pienso sobre los futbolistas, si usted tiene otra idea sobre ellos, está muy bien, nadie le niega el derecho. Pero yo tengo razón.

Juan Manuel Aragón                   

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