30/09/2020

Opinión

Julio Navarro, hijo de la Pampi, podría ser Nobel de Física

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Julio Navarro, hijo de la Pampi, podría ser Nobel de Física

Blanca Irurzum, poetisa bandeña, ha dicho: “Tiene mi tierra un cielo, //un cielo tan claro y limpio// que hombres con toda tarea, // sabios, poetas, capitanes de navío, // sorprendidos como nunca // a coro, todos han dicho: // que no es justicia prevista, // que una tierra pobre y seca // se cubra, con el cielo más lindo”. En la inmensidad del bosque santiagueño, a la noche sobre todo, se siente la presencia de Dios como algo tangible, casi a la mano. El cacuy grita llamando al hermano, una gallina quizás se queja, dormida en su rama y el firmamento parece flotar al alcance de la mano.

El paisano santiagueño, acostado en su catre, antes de dormir al sereno, observa esa inmensidad y, necesariamente piensa en Dios ordenando las Siete Cabrillas, las Tres Marías, la Cruz del Sur y el Lucero de la mañana anunciando el nuevo día. Cuando la existencia en el campo era la más común de las maneras de vivir, la gente de estos pagos se sentía unida a los misterios del Cielo, sus luces titilantes, las estrellas fugaces y los satélites pasando tuta—tuta (después de la oración, cuando el cielo está recién negro del todo, en quichua).

Hubo en Santiago una maravillosa profesora de Instrucción Cívica e Historia, cuando se topaban con ella, los alumnos entendían la razón última de ir a la escuela: no solamente a estudiar sino también a aprender a pensar por sí mismos, los hacía emprender trabajos con sus compañeros, sin atosigarlos con las teorías del grupo. Pero por sobre todo, aunque los estudiantes eran jóvenes, se daban cuenta instantáneamente de que estaban frente a una mujer inteligente, capaz y fuerte.

Era (es) María Ester López de Navarro, la “Pampi” quien, en medio del gobierno militar de principios de la década del 70, se empeñaba en enseñar la Constitución Nacional a sus alumnos. Y se esmeraba para quela aprendieran bien, no como la sabría un alumno de derecho, obviamente, pero al menos tener idea de sus postulados fundamentales.

En tiempos de democracia o bajo gobiernos militares, finalmente las leyes duermen bajo su techo, saber de qué se trata la ley fundamental de la Nación, sirve también para conocer los derechos y obligaciones de cada uno durante toda la vida.

Su marido fue el abogado Mario Navarro, en un soneto muy conocido en estas tierras, ha dicho para siempre: “Esta ciudad, antigua y española // e indígena por raza y por herencia // esta ciudad que planta su presencia // con soberbio ademán de tierra sola. // Esta ciudad de Aguirre que enarbola, // por Madre Fundadora de existencia // la bandera del cielo por conciencia // y una luz luminosa por aureola. // Santiago del Estero determina // con su año de origen la Argentina // su ser, naturaleza y tradición. // Veinticinco de julio los cimientos // de la Patria que allá por mil quinientos // comenzó con mi pueblo a ser Nación”.

Ahora, su hijo Julio Navarro, a quien los santiagueños conocíamos porque hace unos años le hicieron una muy buena entrevista para la televisión local, podría estar nominado para recibir el premio Nobel de Física, según los diarios “por su investigación sobre la estructura de los halos de materia oscura, la misteriosa sustancia que mantiene unidas a las galaxias”. Signifique lo que significare, se ha dedicado a estudiar el Cielo.

El galardón será decidido la primera semana de octubre por la Real Academia de las Ciencias de Suecia. Navarro lo aclara, no es un postulante: fue incluido en una lista realizada por Citation Laureates como uno de los candidatos considerados propensos a ganar el Premio Nobel en sus respectivos campos, con grandes posibilidades de ser nominado para el Nobel en Física.

Dicho esto, bajó las expectativas, indicó que Citation trata de pronosticar quién podría recibir el Nobel de acuerdo a ciertas métricas y viendo el impacto de los trabajos científicos. Sin embargo estar en la lista, “es un reconocimiento muy importante y un logro muy emocionante para mi carrera”, señaló.

En Santiago todavía se tiene en claro que todos venimos de alguna parte, somos hermanos, padres, primos, sobrinos, yernos o, en fin hijos de alguien, con un nudo entrañable recorriendo las venas. Mario Navarro vive en el Canadá, pero para muchos, siempre será “el hijo de la Pampi, que se fue a estudiar a Córdoba”.

No es raro que una persona criada en estas tierras, haya sentido atracción por conocer las estrellas, más allá del abismo del horizonte. Tampoco es infrecuente que la clara inteligencia de los padres pase a los hijos y sus ansias de saber más sean una herencia ineludible, sin beneficio de inventario, por supuesto.

Es cierto, a las noches de Santiago le quitaron el bosque, el canto de los grillos, la luna apareciendo detrás de los altos quebrachos y las ranas pidiendo la lluvia. Los estudios y los premios de Navarro no traerán de vuelta ese universo, pero al encender la luz, por las noches, sabremos que uno de nosotros analiza el Cielo como quien intenta destripar un cachito de eternidad.

(Un especial agradecimiento para las alumnas de la “Pampi”, que averiguaron para esta nota cómo se llama, es tan popular su apodo que pocos lo recordaban. Si han acertado, el mérito es suyo, pero si está mal, seré el culpable del yerro).

Juan Manuel Aragón                   

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