10/10/2020

Opinión

Cómo ganar dinero con una carpeta de 20 mangos

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Cómo ganar dinero con una carpeta de 20 mangos

En estos tiempos, las empresas grandes y pequeñas reciben cientos, quizás miles de currículum de gente necesitada de trabajo. Con sus más y sus menos, esto se dio siempre: un tipo sin empleo se levanta tempranito, imprime una docena de papeles con su historia laboral y personal y sale a la calle, dispuesto a hallar quien lo contrate. Los negocios, comercios, industrias, suelen tener la planta de personal completa. De todas maneras, alguien recibe los papeles del postulante, le dice: “Lo llamaremos si lo necesitamos”, y adiós.

Nadie guarda el currículum. Por lo general, los tiran a la basura.

Mal hecho.

Supongamos, la empresa es una fábrica de tuercas y bulones. Se presenta un tipo con experiencia en el rubro: cabría justito para ser un operario de primera pero, como hay personal suficiente, no se lo contrata ni se guardan sus antecedentes. Al tiempo otro empleado renuncia. ¿Qué hace el encargado de personal? Espera a los postulantes del día y toma al primero que cumple más o menos con los requisitos para trabajar en el lugar del renunciante. Es una falta de respeto y una pérdida de tiempo y de dinero.

¿Por qué falta de respeto? Al tipo del currículum le dijeron que, si lo necesitaban, lo llamarían y era una mentira. Usted dirá: “Bueno, pero los dos lo sabían”. Puede ser, pero si no lo van a tomar, no le reciban nada, así al mismo papel lo presenta en otra empresa. Pongasé en su lugar, a veces en el costo de la impresión, se le va una buena parte de la comida del día o del pasaje del ómnibus para no caminar de vuelta, 600 cuadras hasta su casa.

¿Se pierde tiempo tirando a la basura el currículum de los aspirantes a un trabajo? Y sí. Se debe guardar a todos en una carpeta. Si se busca un nuevo empleado, el jefe de personal debería abrirla, revisar cuál es el más apto y ofrecerle primero. Aquí hay una cuestión: si ha pasado mucho tiempo, el postulante halló otro empleo o de algo estuvo viviendo. Es decir, ha ganado experiencia, quizás en un rubro parecido: siguiendo el caso del principio: pongalé que era especialista en tornillos y bulones y luego de mucho pedir laburo, lo contrataron en una fábrica de chapas galvanizadas. Lo aprendido ahí podría volcarlo en su empresa, es un tipo con experiencia.

¿Por qué se gana dinero si se guardan los antecedentes? Usted se sienta a esperar la llegada de los postulantes del día, todos han estado empleados en otras fábricas, pero necesita un supervisor de los operarios de los tornillos, alguien con experiencia en el rubro. Se presenta uno, dice: “Yo he sido Jefe de Personal de una fábrica de gorras y sombreros”. El tipo no sabe ni decir tornillo, igual lo toman. Como no tiene idea del laburo de esa empresa, los otros empleados se darán cuenta enseguida y le tomarán el tiempo. Hasta es posible que le hagan una trapisonda para embromarlo, de puro gusto nomás. (Dan risa los que se ufanan: “Es cierto, no sé cómo se fabrica un tornillo, pero como tengo una lleva inglesa, a mí nadie me va a ridiculizar”. Antes de terminar de decirlo ya lo han jodido 32 veces al menos).

También sucede lo siguiente: usted es —pongamos— perito en técnicas bancarias e impositivas y llega a una empresa el día que precisan alguien para asear el baño, le ofrecen el laburo y nunca lo consultarán cuando tengan un drama con el pago de Ganancias, pues esas cosas no se andan ventilando delante de la gente de limpieza, por favor. Si usted no terminó la escuela primaria y cae de postulante justo cuando andaban necesitando un gerente, lo tomarán de gerente y se jubilará en ese cargo. Cuando estén con el problema de Ganancias, pagarán a un contador, sin saber que, limpiando el baño, hay uno que les podría solucionar el drama con mucho menos dinero.

¿Usted opina que estas cosas no pasan en las empresas de la Argentina? Qué equivocado está. Hable con cualquier amigo, desde el dueño de un carrito de venta de sánguches de milanesa, pasando por un alto gerente de un ingenio de caña de azúcar, hasta el propietario de una concesionaria de autos y todos le contarán lo mismo: cuando se quedan sin el muchacho que golpea la carne, sin el operario del trapiche o se les fue el vendedor de usados, esperan que, providencialmente, aparezca uno justito para ese puesto, si sabe mejor, si no, ya aprenderá, eso sí, será a costa de equivocarse y hacerlo perder dinero.

¿Ha visto que los empleados a veces dicen “el que sabe, sabe y el que no sabe es jefe”? Se origina en el empecinamiento de algunos empresarios —chicos, grandes y medianos— en no comprar una carpeta de 20 mangos y organizarse un poquito para no perder plata en el futuro.

Juan Manuel Aragón                   

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