10/11/2020

Opinión

Urgente redactar un protocolo para el buen uso del celular

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Urgente redactar un protocolo para el buen uso del celular

Algunas convenciones sociales se han roto para siempre con el telefonito de mano, de la cartera de la dama y el bolsillo del caballero. Un decir, conversa con alguien y es bastante común que el otro, sin decir “agua va”, se ponga a marcar un número o a ver algo en su teléfono, dejándole de prestar atención, como si usted fuera un poste, una nada.

Otro asunto: está en su taller, laburando en un motor y de repente se percata le falta algo, no tiene el niple de la caja de cambios del Volkswagen Gol, con las manos sucias de grasa, mientras está tirado debajo del auto, con mucho trabajo logra escribirle a un amigo que tiene una casa de venta de repuestos de autos: “¿Tienes un niple del 8 para el Gol?”. El repuestero le responde: “Para empezar, buenos días”.

A veces, hay uno conversando con vos, y mientras mira atentamente la pantalla del celular, te dice: “Seguí, seguí, te escucho”. No oyó un carajo ni le importaba tu charla, pero después reclama buenos modales cuando alguien le manda mensajes y no lo saluda de acuerdo a las reglas de la buena educación.

Cuando comenzaba la moda de los celulares, el presidente George Bush hijo, hubo de pedir a los periodistas en una rueda de prensa, que apagaran sus aparatos. ¡Amigo!, ¿estaban entrevistando a la persona más importante del mundo y tenían prendido el celular por si la mujer les encargaba: “a la vuelta comprá pescado para el almuerzo”?

Todos los días, a la mañana tempranito fatigo los telefonitos de unos pocos amigos y parientes, enviándoles esta columna. Pregunto, ¿cómo debo hacerlo?, ¿saludándolos con un buen día, cuando me respondan preguntarles amablemente si quieren recibir mi columnita y, si me dicen que sí, a continuación enviarla? Con justa razón, varios no se toman la molestia de leerla, ¿a qué tanto protocolo entonces?, dicho de otra manera, ¿por qué molestarlos con una charla insustancial si al final me dirán que sí por cortesía y luego no leerán nada? Envío el mensaje por Whatsapp, así nomás y si lo abren, bien y si no, ganaron un tiempo precioso para sus vidas.

Una frase, de moda desde hace unos años dice “donde nace una necesidad surge un derecho”. Muy bien. En este caso vendría a ser al revés, hasta hace unos años, pocos tenían necesidad de un teléfono, lo inventaron y ahora todos la tienen. Hay quienes dejan de comprarse calzoncillos o no les alcanza para devolverte mil pesos, pero no les falta crédito en el aparatito: “Mirá si me llaman para algo importante”, dicen. Se creen Alberto Fernández esperando una llamada urgente de Joe Biden o del Fondo Monetario Internacional. Creen que son parte del directorio de Ford Motor Company, de la Cocacola, no sé.

Usted sale a una calle más o menos transitada y de diez personas que se topa, al menos ocho están haciendo algo en el celular. ¿Hay un grupo de chicos reunidos?, entonces todos están mirando el aparato. ¿Se acuerda del observador policía que a veces andaba por su cuadra observando, curioseando para todos lados como si no conociera? Ahora, cada tres minutos mira su celular y no venga con que es para comunicarse con sus jefes, porque en la otra mano lleva un Handy. ¿Empieza a retar a su hijo pues se mandó una macana?, justo se le da por ver algo de la escuela en su aparatito.

Veamos otro caso. En una reunión con los padres, la maestra de segundo grado les pide encarecidamente: no manden a sus hijos a la escuela con celulares. Un buen día, un chico avisa que en el segundo recreo le robaron el suyo. ¿Debe la maestra detener las actividades del día para recuperar el aparato?

Hay padres que, quizás con buenas intenciones, sostienen que el teléfono debe ser parte de sus hijos, como elemento fundamental de sus vidas, una segunda piel, sobre todo cuando están en la escuela. “Mirá si le pasa algo”, advierten. Oye, vos estás laburando a 10 kilómetros de ahí, ¿puedes darle los primeros auxilios más rápido que la maestra o la celadora del grado? Se ha caído y se ha golpeado con un banco, le ha salido algo de sangre de la nariz, nada anormal en los chicos: ¿vas a mandarte un escándalo porque luego de llevarlo a un médico para curarlo, esperaron la hora de salida para avisar? Aunque con la cuestión de los chicos, los padres se han vuelto tan estúpidos, que mejor cortarla aquí.

De todas maneras, cabe la redacción de un protocolo para indicar a la gente cuándo usar y cuándo no tocar el celular. O, al menos, si está con gente y lo llaman, pedir disculpas, retirarse unos pasos, hablar tranquilo y volver. Nadie quiere saber sus cosas, con usted hablando en voz alta, cual si fuera un Buda, comunicando sus sonsas ideas.

Juan Manuel Aragón                   

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