12/11/2020

Opinión

Le etimología de América y el pago de la Guanaca son parientes

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Le etimología de América y el pago de la Guanaca son parientes

Casi todos los nacidos en esta parte del mundo descubierta por Cristóbal Colón para la civilización occidental, tienen un amigo llamado Américo. Nombre eufónico señalandoa uno de los más bellos continentes sobre la faz de la Tierra, el último en hacerse conocido para la humanidad. En italiano se decía Americo o Amerigo, sin tilde pues era palabra grave.

Gracias a Vespucio, el navegante florentino con ese nombre de pila, este continente lleva un nombre de origen germánico. Con el paso del tiempo adquirió la terminación en “a” de los demás. Su pronunciación esdrújula se debe a la influencia del África, voz igualmente esdrújula y también terminada en “rica”.

Hasta aquí todo muy bien, muy lindo el cuentito dirá usted, amigo lector, pero se debe estar preguntando para cuándo la etimología, lo único que interesa en estos mediocres escritos diarios. Ahí va.

En Amerigo hay una evidente conversión de dos nombres: Amalarico y Aimerico. El elemento “rik”, común a los dos, es préstamo del céltico al germánico y significa “jefe, mando, rey”, para los ingleses vendría a ser “theboss”, para los franceses “chef” o “le patrón” y para los expresivos italianos, “capo di tutti gli capi”.

Amala a su vez viene del héroe epónimo de la estirpe real de los ostrogodos; “amal” es trabajo. Con lo que Amalarico vendría a ser el “jefe de los ámalos”, “poderoso en el trabajo” o también “hombre laburador”.

Aimerico, procede del gótico “háims”, que es “morada, casa”, por lo tanto Américo quiere decir “jefe de la casa” o “el que manda en su hogar”. El gótico “háims” significa lo mismo que “home” en el inglés moderno, es decir casa.

Enrique, Melisenda, Amalrico y Amelia son términos, parientes cercanos de esta bella etimología, pero los dejamos para otro día porque si no esta nota se va a alargar una barbaridad.

Como conclusión, cabría agregar que la construcción del idioma viene a ser una combinación de tiempo, guerras y, por supuesto, sexo. Un pueblo somete a otro y lo obliga a rezar a sus dioses, a acatar sus leyes y a pagar sus alcabalas. Después los siglos, el viento y el olvido van haciendo lo suyo. Y las mujeres, claro, encargadas de pasar las palabras a los hijos para seguir comunicándose en la misma lengua que los mayores. La instintiva atracción erótica determina para siempre el borde de los idiomas, sus llanuras, sus ríos. Más o menos lo mismo cuando uno cualquiera de nosotros enamora a una mujer y la trae a vivir a su patria, a su cielo, a su algarrobal.

Post scriptum. Terminada la crónica, me di con que no cabía en el medio de ninguno de sus párrafos, una referencia al único Américo conocido: Américo Alomo. Cuando se apagó para siempre su sonrisa, el pago de la Guanaca, departamento Jiménez, perdió algo de su esencia característica. Quienes lo conocimos, extrañamos su conversación vivaz, sus buenas maneras, su irrompible optimismo y la polvareda detrás de su camioneta colorada cuando llegaba a casa, cargado de frutas y verduras, y a mi madre y mi abuela esperándolo para comprarle dos quilos de papa, uno de cebolla, ¿ha traído manzana? Y él, con su amplia sonrisa destapando el dulce cajón, bajo un verde verano de hace mil años.

Juan Manuel Aragón                   

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