27/11/2020

Opinión

Un país, una nación y sus diferencias obvias

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Un país, una nación y sus diferencias obvias

Un país son los médicos, los ingenieros, los obreros, los maestros, los alumnos, la señora que limpia casas por hora, la chica que va al profesorado, el soldado y sus jefes, el mecánico, el almacenero de la esquina junto a su familia, el empleado público y el dependiente de un tienda, el señor que pesca en el río y el que va por la vida con su sombrero negro, la vecina que toma mate en el patio de la casa, el lustrín, el gerente de una gran industria, el periodista, el peón, el capataz y el dueño del campo y el alambrador y el señor que va cuando lo llaman a vacunar la hacienda, el mozo, el cocinero, el bachero y el cantinero, el escritor, el imprentero, el librero, el aviador, el contador, los desocupados que toman café en los bares alrededor de la plaza y también los que están sentados en los bancos y los que pasan y los que, siendo de esta tierra, la recuerdan con cariño porque viven lejos, el panadero, el repartidor, el carnicero, el verdulero y la cajera del supermercado y muchos más, que nombrarlos en una sola nota la haría tan eterna como todos los paisajes que habitan los límites de la Argentina.

Un país es un conjunto de personas reunidas en un determinado territorio. Es, como su nombre lo indica el paisaje, la gente, el territorio, la cultura de un grupo. La palabra viene del latín “pagus”, es el pago entonces, la tierra que cualquiera reivindica como propia. El pagano era el aldeano, el campesino, en contraste con el militar, por eso la expresión “vestirse de paisano”, como un tipo común, del pueblo.

Una nación es quizás esa misma gente, pero con una voluntad de destino común. Un país puede estar de pie o arrodillado, todo depende del estado de ánimo de quien lo gobierna en ese momento. Una nación nunca se arrodilla y si bien reconoce que hay otras más poderosas, trata con ellas de igual a igual.

Un país crece cuando los vientos internacionales son favorables a sus intereses económicos, políticos, sociales. Una nación se hace grande cuando la determinación de la gente que lo integra, es lograrlo cueste lo que cueste. Un país entero se enorgullece de los logros de sus deportistas: tenistas, futbolistas,rugbiers, basquetbolistas, nadadores, yudocas. Una nación se enorgullecería de haber terminado con el hambre, estaría feliz de no tener más analfabetos, tiraría cohetes porque no hay más violencia en las calles.

Un país, en fin, se mira en el espejo canalla de una televisión repleta de prostitutas, prostitutos, prostitutes, pederastas y pederastos. Una nación es la que ha logrado que sus mejores hijos lean libros que les harán bien, los instruirán, les alimentarán el alma y llenarán de satisfacción su espíritu.

A un país le interesa que los demás sepan que su método para elegir gobernantes es la democracia, como palabra sacrosanta. A una nación no le interesa ser demócrata, primero busca la forma de gobernarse de acuerdo a la idiosincrasia de su gente y a su propia conveniencia y luego si alguna otra nación protesta, dice “esto es la democracia verdadera”, como hacen Estados Unidos, algunos países europeos, Rusia y ¡hasta Cuba!, mientras el resto del mundo se hace el de creerles.

Un país se preocupa por asuntos banales, como elegir un presidente. Una nación tiene gente que manda, aunque no ostente los atributos del poder formal y hacer que sus mandatos valgan y tengan fuerza de ley. Un país, cree que la suma de voluntades individuales se hace valer por el voto. Una nación sabe que sus atributos le han sido dados por la historia, por sus héroes, por la entereza para afrontar su destino y, sin quejarse, seguirlo como una bandera.

Un país es muy poca cosa comparado con una nación.

Juan Manuel Aragón                   

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