01/01/2021

Opinión

Entre dos palabras, elija la más difícil y no le va a errar

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Entre dos palabras, elija la más difícil y no le va a errar

Si debemos elegir entre dos palabras, siempre preferiremos la más difícil, aquella que no comprendemos o la revestida de una vaga referencia científica.

Ahí está “coronavirus”, la entendimos desde el principio, se trata de un virus en forma de corona, los diarios publicaron el dibujito con su forma. Casi al toque salió “covid—19”, cuyas siglas son justamente: corona virus, más ´disease´, que significa enfermedad en inglés, y el agregado de los dos últimos números del año de nacimiento, el 19. El mismo mal, distinto olor, con gustito científico y con algo de inglés, el toque de finura, diría la tía Gorda, afecta a estos detalles.

Para la Real Academia, celular es adjetivo y significa lo relativo o perteneciente a las células. En la Argentina, antiguamente se le decía así al auto de la policía o al camioncito que llevaba a los presos, ¿por qué?, porque también eran una celda, es decir, una célula.

Los telefonitos móviles tienen una característica pocas veces comprobada, si usted pasa de una antena a la otra mientras está hablando con alguien, en teoría no debería darse cuenta, pasó de una celda a la siguiente. De ahí que, entre teléfono móvil o móvil, como le dicen los españoles o “telefonino” como lo nombran los italianos, elegimos una cuyo significado es toda una historia.

La Real Academia toma esta definición, al fin y al cabo, se tiene a sí misma como una escribanía del idioma y en su cuarta acepción define: “Número que se asigna a cada teléfono celular. Úsase más en América. Anota mi celular”.

La supuesta finura en el habla es una notable característica que notó Adolfo Bioy Casares, autor del “Breve diccionario del argentino exquisito”. En un canal de cable de Santiago del Estero, dedicado a mostrar y filmar las carreras de caballos del hipódromo y las cuadreras de otros lugares, se logra el milagro de no nombrar ni una sola vez a un caballo, al menos con su nombre. Para su presentadora, todos son ejemplares. Mire que es difícil, ¿eh? Sin embargo, lo logra, la palabra caballo no figura en su vocabulario, en un programa que justamente trata acerca del noble bruto. Ahí tiene flete, mancarrón, palafrén, equino, garañón, burro, corcel, jamelgo, en fin.

Había palabritas medio feas, sobre todo por el abuso que se hacía de ellas. Ahí está “auto”, viene del griego y significa “por sí solo”. Es un prefijo para nombrar aquello que funciona por uno mismo, como autobiografía, automóvil, autogestión. Pero a la fotografía de uno tomada por uno mismo en vez de llamarla autofoto o autorretrato , le dicen “selfie”. Es un término inglés, un sustantivo de dos palabras, “self”, 'auto', e “-ie”, traducido como 'yo' o 'yo mismo', algo así como ´auto yo´. ¿Le parece tonto hablar así?, bueno, ya somos muchos.

En el colmo de las exquisiteces, hay gente, bobos sin ley: creen que el Parlamento como institución, nació de la necesidad de hablar. Y todavía, como si no entendieras su pueril razonamiento te dicen “parlamento, parlar, ¿entiendes?”. Pues sí, che tonto. Pero la institución del Parlamento reposa en la sucesiva pérdida de derechos de la corona inglesa frente a los nobles. Mire si se iban a reunir, solamente para parlar los ñatos que instauraron esta construcción de la inteligencia de los ingleses.

Otro día hablaremos de los Fer, los cumple, los Gus, el cole, las Adri.

Por hoy basta.

Si me da covid, me saco una selfie con el celu, mientras sofreno el ejemplar.

Juan Manuel Aragón                   

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