05/01/2021

Opinión

José Juan Botelli: "Al artista hay que ayudarlo con plata"

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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José Juan Botelli, a la derecha, con Benjamín Toro, en Salta

A José Juan Botelli, ya fallecido, lo conocí en Salta, llevado por el poeta Benjamín Toro, quien aquella vez ofició de amable guía por lugares cuyas veredas no son holladas por los turistas.

Botelli era periodista, músico, poeta y pintor. De la misma edad que Raúl Aráoz Anzoátegui y Eduardo Falú. Cuando lo visité en su vieja casa de la calle Necochea, estaba pintando un retrato de su mujer, de la que reconocía estar profundamente enamorado.

A continuación, una entrevista que le hice para la revista “El punto y la coma”, de setiembre u octubre del 2009, cuando el mundo entraba en su madurez plena.

— ¿Sigue escribiendo en El Tribuno?

— En El Tribuno escribo desde que se ha fundado el diario, en el año 49. Desde el 62 hasta el 90 hice entrevistas y la página literaria. En mi taller tengo archivadas todas las páginas, desde la primera. En ella colaboraron Espinoza, el Cuchi Leguizamón. Después he seguido de columnista en el diario, acabo de hacer mi próxima columna que va ser un anuncio de la octava edición del diccionario de regionalismos de José Vicente Solá. Jaime, hijo de José Vicente me ha pedido que le escriba la contratapa. Y le voy a hacer publicidad porque Solá ha sido, junto con Juan Carlos Dávalos, han sido mis primeros maestros importantes en lo literario, periodístico.

— ¿Lo conoció a Jorge Borges?

— Sí, personalmente, cuando vino en el 65, fue el año que murió Pajarito. Él vino poco tiempo antes. Pajarito lo invitó, hizo una reunión muy linda…

- ¿Quién era Pajarito?

Guillermo Velarde Mors era un mecenas no pobre, sino más bien “no rico”. Como no había entonces dirección de cultura oficial, él oficiaba de director de cultura ad-honorem porque organizaba actos artísticos, exposiciones de pintura, hizo formar muchos conjuntos folklóricos, en fin. Fue un personaje muy querido de Salta. Fijate lo que es la política, era primo hermano de mi suegro, que se llamaba Antenor Díaz Velarde y nunca se dieron bolilla porque mi suegro era radical y “Pajarito” era orejudo a muerte. Eran los tiempos en que los radicales eran “grasitas”, mientras los orejudos eran “la crema”.

— Volvamos a Borges.

— Entonces lo conocí a Borges. Tengo la foto en la que estoy en el piano esa vez. Le dije que le tocaría “Milonga de Cachi Pampa”, porque aquí tenemos una pampa “que es una pampita, no como la de ustedes en el sur”, le conté. Después de que la toqué, Borges me dijo: “Merece ser sureña

— De su generación también queda Raúl Aráoz Anzoátegui…

— Gran amigo. Es un mes más joven que yo, él es de marzo y yo de febrero. Falú también es del año 23, de julio, creo, cinco meses más joven.

— Qué espera que transmitan sus crónicas.

-— Mirá, yo a veces no sé de qué voy a escribir. Además el acoso de lo nuevo es tremendo, vos ves la revista “Ñ” de Clarín, la cantidad de críticas de novelas que publica, los aficionados que publican, que no sabés qué vas a leer, ¿no? Tengo de guía a George Steiner, un gran filósofo actual que tiene 80 años. Se refiere al chanterío actual y dice que va a haber más chantas que en el Medioevo, en las ciencias, en las artes. Si bien puede ser una impresión de él, para mí el acoso de lo nuevo es tremendo.

— ¿Ha escrito cuentos también?

— Sí, tengo un libro, “Gallero viejo”, que va por la segunda edición. Son veinticinco cuentos. La primera edición tiene 23 y la segunda 25 cuentos. He ganado un premio regional con ese libro, en el año 97. Daban platita, me han dado 8 mil pesos, ahora no dan un peso, ni un mango para los artistas. Ahora está subestimado el artista, dan premios, pero nada de plata. Yo he conseguido premios lindos en Salta. En el año 59 estaba de ministro de gobierno Julio Barbarán que era un periodista talentoso que hizo por ley, un premio provincial anual a la música, la pintura y la ciencia. ¡Eran cincuenta mil pesos en premios!

— Alcanzaba para comprar muchas cosas.

— Claro, yo hice cambiar el techo de esta casa, compré noventa chapas de cinc, compré mosaicos...

— Cómo se le ocurrió el cuento “Gallero viejo” con el que ganó un premio provincial de narrativa.

— Fuimos con César Perdiguero a dar un recital a Rosario de la Frontera. Terminamos a la una de la mañana, después de que el intendente nos dio un banquete. Veníamos en el auto y yo le dije a César “contame algo para no dormirme”. Y entonces me contó que su tata había sido gallero. Terminó llorando porque me contó su vida. Después de terminar de contarme la historia, estaba emocionado, y me decía “no vas a querer escribir esto porque es mío”.

— ¿La poesía también le ha dado satisfacciones?

— Sí. Yo he hecho algunos poemitas. He impreso diez poemas en una “Minerva”, con tipografía a mano, ahora es todo a botones, es mágico ahora. En esos tiempos tenías que escribir letrita a letrita, era un trabajo de presos.

— ¿Cómo le gustaría que lo recuerden?

— Que toquen mi música, que lean mis libros. No homenajes opas, como poner nombres de calles, ese ´operío´. Para qué necesito una placa. El artista necesita que lo ayuden con plata. No es que yo sea un interesado en la guita, pero todas esas cosas las veo como políticas, lo agarran a uno de instrumento.

— ¿Qué significa la palabra en su escritura?

— Tengo un libro muy lindo, justamente de Steiner… es tan importante la palabra. He escrito un ensayo sobre la música y la palabra, que lo pienso incluir en un que estoy escribiendo. Trata sobre la musicalidad de las palabras.

Cuando la tarde salteña se perdía entre los cerros, Botelli se sentó al piano para mostrarnos algunas de sus más geniales creaciones, como la zamba “La Felipe Varela”, a la que describió como “mi hit más conocido”.

Juan Manuel Aragón                   

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