13/01/2021

Opinión

De la capacidad o incapacidad de los municipios para calificar las calles

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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De la capacidad o incapacidad de los municipios para calificar las calles

¿Qué es una avenida? El diccionario de la Real Academia —por quien pedimos un fuerte aplauso pues nunca nos deja con la duda— la define: “Creciente impetuosa de un río o arroyo”, muy bien. La segunda acepción del término, siempre según los gallegos de la lengua es “camino que conduce a un pueblo o paraje determinado”. La tercera: “Vía ancha, a veces con árboles a los lados”. Y la cuarta acepción sostiene: “Concurrencia de varias cosas”. La “creciente impetuosa” del mataburros, viene a ser una barbaridad de autos pasando, como si fueran el agua bajando por una vía, y por eso, a las calles anchas se les suele llamar avenidas.

No se sabe muy bien por qué a unas calles las llamamos avenidas y otras no, pero como en casi todos estos asuntos del lenguaje, nosotros decidimos. Se entiende por “nosotros” a todos, el pueblo, la mayoría, la gente. Que un buen día dice “aquello es una avenida” y le empieza a decir así. Listo.

No se sabe quién les ha dado a las municipalidades la facultad de escribir, en los carteles indicadores, si es calle o avenida. Es un calificativo que no corresponde a las autoridades. En todo caso no figura entre sus atribuciones andar decidiendo cuál calle será calle y cuál será avenida, vía, camino, carretera, paso, ruta, sendero, ronda, calzada, pista, atajo, recorrido o lo que fuere.

A todas las casas, las municipalidades las nombran con un nombre impersonal y casi técnico: “inmueble”. Muy bien. No las califica como choza, mansión, morada, rancho, vivienda, residencia, palacete. No tiene por qué, no es de su incumbencia. Si la gente llama a una de una manera y a otra de otra, es cosa de la gente, a las autoridades no les corresponde inmiscuirse y lo bien que hacen en no hacerlo.

Lo mismo con las calles, dejen a los vecinos nombrarlas como quieran. Pero en este caso, los gobernantes no tienen por qué agregar si es simple calle o señora avenida, en los nomencladores instalados en las esquinas. Además, no les importa, no es de su incumbencia.

Ahora se ha puesto muy de moda no calificar a la gente por su color de piel, la forma de sus ojos, el número de calzado o el tamaño de su vientre. ¿Por qué las autoridades de las municipalidades se atribuyen una función para la que no se las eligió? Además, ¿qué criterio usan para decidir cómo calificar las calles? Si tuvieran un razonamiento para decir “a esto lo llamo así por tal cosa”, sería bueno, además, que lo dieran a conocer.

Es cierto, en el mundo hay problemas mucho más importantes para preocuparse. Pero, oiga, ¿no está un poquito harto de ser testigo de las mismas peleas todos los días?, ¿no siente un poco de asquito cuando los adoradores de la famosa grieta se pelean por asuntos que ni ellos mismos entienden muy bien?, ¿no querría cambiar de conversación de vez en cuando, para no andar debatiendo sobre los K, los M o los XXL?

Sirva esta breve crónica, amigos, como disparador de otros temas de diálogo, así nos ponemos de acuerdo o incordiamos con asuntos más elevados, como la capacidad o incapacidad de las autoridades de los municipios para calificar el mundo. Sean del partido que fueren, por supuesto. Aquí, en la calle, cuando andamos buscando el mango, somos todos iguales.

O al menos muy parecidos.

Juan Manuel Aragón                   

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