18/01/2021

Opinión

Breve repaso sobre nuestros hermanos más queridos, los ateos

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Breve repaso sobre nuestros hermanos más queridos, los ateos

No crees que sea Dios. Sostienes enfáticamente: no hacía milagros, no fue hijo de una virgen y su padre no fue santo, qué va, para vos no existen los santos. No lo visitaron unos reyes venidos de Oriente, no convirtió el agua en vino, no curó a los enfermos, no caminó sobre el agua, no perdonó los pecados, no murió en la cruz ni, ¡menos!, resucitó de entre los muertos. Bien por vos.

Pero, fíjate, unos cuantos mendigos zaparrastrosos, nacidos en uno de los costados más alejados del mundo de entonces, en un lugar de una pobreza material atroz, se encargaron de expandir su, según vos, equivocada secta por el mundo. Y dos o tres siglos después, cuando todo un imperio se volcó a esa —también te concedo— “cuasi religión de fanáticos ignorantes”, entre dos o tres emperadores, cuyos antecesores habían matado a sus seguidores en masa, sin piedad y dando espectáculos grotescos en sus circos,agarraron y pegaron un retoque a los libros fundamentales de esa gente, para adaptarlos a su ideología y conciliar posiciones, así no los seguían embromando.

Ahora, mirá que ha durado esa mentira, ¿eh? Son veintiún siglos, y contando, desde que la humanidad se maneja por el caprichoso calendario impuesto por 11 pescadores y un recaudador de impuestos converso, del borde del mundo. (Te aviso por si nunca te lo dijeron, desde el 4 de octubre de 1582, contamos los días de acuerdo al calendario gregoriano, llamado así en honor al Papa Gregorio XIII, que modificó el anterior, venido desde el tiempo de Julio César. Los franceses, luego de la Revolución de 1789, quisieron hacerlo racional, adaptado al sistema decimal, bueno, no les duró ni 20 años). Por lo tanto, tus días, creas o no, están regidos por el catolicismo, de lunes a lunes.

Y no hablemos de la impronta heredada, gracias a los Reyes Católicos (oye, católicos, no luteranos, no ateos, no budistas, no musulmanes), los españoles llegaron primero a América y luego a Santiago del Estero, lugar en el que sabían que no hallarían oro, plata, metales preciosos ni grandes civilizaciones para conquistar. Y menos de cincuenta años después, no solamente se casaban con las indias locales, formando familias, algunas de las cuales fueron y siguen siendo señeras en estos pagos, sino también fundaron una universidad en medio de un conjunto de ranchos por el que hoy pasarías a toda velocidad en tu auto, sin averiguar dos veces quién vive ahí. Pequeña aclaración: para los hermanos ingleses que conquistaron el norte de América, los indios eran casi animales a quienes no les concedieron ningún derecho hasta bien pasado el siglo XX. Para qué te voy a contar lo que hacía la policía blanca a los negros hasta el año pasado nomás.

La luz de aquel hombre, muerto en la peor de las muertes, la que el imperio reservaba a los peores criminales, sigue impregnando las ideas fundamentales del orbe entero, la filosofía, la historia, la ciencia y el arte del mundo moderno y guía tus pensamientos y de los ateos más cerriles, por los rincones de su alma; sabemos que no les gusta, pero es así. Y mejor no te cuento que vino al mundo más por vos que no crees y lo escupes, que por quienes nos decimos sus hijos, porque te caerías redondo de la sorpresa.

Era el hijo de un artesano, andaba descalzo, vos usas zapatos cuyos modos de producción ignoras por completo, aunque estés con la nueva religión de la ecología. Comía alimentos sencillos, no como vos que consumes verduras hechas en costosísimas granjas veganas, cuyos dueños usan electricidad, por supuesto. Se vestía con ropa sin un gramo de plástico, andaba por caminos polvorientos, quizás calzado con sencillísimas sandalias y durante la historia de nuestra religión, desde hace milenios, algunos lo tratamos de imitar hasta en sus más mínimos gestos, aunque casi nunca nos da el cuero.

Ese hombre fija tu agenda, la cuadricula de la manzana en que vives, la noción de orden, de caos, de sociedad, de familia, de moral y de costumbres que mueven tu vida. Impregnó de tal manera el pensamiento de este y del otro lado del mundo que, a pesar de que hay quienes lo niegan en nombre del materialismo dialéctico o el liberalismo cruel e inhumano, la pluma que mueven, la lámpara que los alumbra y el libro con sus ideas están concebidos de acuerdo al orbe que creó y no quieren ver.

Hasta la negativa a tener crucifijos en las aulas, en los juzgados y hospitales, es parte de un juego impuesto por su doctrina, aunque no lo sepas. Tu odio al rezo, a la oración, a la vida espiritual, a la misa sin embargo te están acercando a él de una manera misteriosa, ya verás. Cuando te toque, no lo vas a entender, pero tu vida se iluminará, de tal forma que saldrás a proclamar su nombre como nosotros o con más fuerza todavía, oportuna e inoportunamente.

Te esperamos.

Aunque tardes.

PS. Dicen que el Vaticano está lleno de tesoros y debería venderlos para ayudar a los pobres. ¿Por qué mejor, los que dicen eso, no le piden la plata a los que van a comprar los tesoros y se ahorran los intermediarios?, ¿para qué quieren esos tesoros si no creen en su valor?

Juan Manuel Aragón                   

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