23/02/2021

Opinión

Por qué el basto le va ganando al apero del norte

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Por qué el basto le va ganando al apero del norte

¿Por qué llegó al norte, el apero de bastos? Quizás sea más cómodo para montar, tal vez porque ya no se precisa guardamontes, todo es campo abierto. Dicen que entraron con los encargados entrerrianos, correntinos, misioneros, contratados por los nuevos dueños de campos de estos pagos.

Hasta la década del 70, el basto no se conocía en la capital de los santiagueños. Hoy campea como Juan por su casa, lo mismo en varios lugares de Tucumán, Salta y Jujuy. Ha sido un triunfo del sur sobre el norte.

Se hizo popular en la Argentina a fines del siglo XIX o principios del XX, con la llegada de los caballos frisones. El apero común, con silla de cabeza y peineta, no quedaba muy firme encima de ese matungo enorme: el basto era mejor para tenerse encima, más seguro.

¿Es mejor o peor el basto? No sé. Se me hace que es como todo. Algunos se sienten cómodos con el caballo trotón, otros prefieren el amblador o de paso. Algunos tienen un trote marchado—paso que rinde y dura— suavecito y tranquilo. Como hay caballos de paso que te hamaquean para todos lados, dejándote la cintura a la miseria. Con los aperos, lo mismo, cuestión de costumbre.

Como quiera que sea, no me importa, sobre todo porque hace mucho que no monto a caballo. Y se me hace que ya no lo haré, no solo porque estoy viejo, y chacado, sino porque los nuevos tiempos me hurtaron el ruidoso quebrachal, las islas de guayacanes, los churcales del saladillo, el dañino garabatal, el generoso mistol. Sin el bosque acostumbrado, ya no tengo dónde ir. Ni para qué.

Juan Manuel Aragón                   

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