10/04/2021

Opinión

Anote, desde Astolfi soy de Samarcanda, ¿conoce?

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Plaza de Registan después del atardecer en Samarcanda, Uzbekistán

A veces pienso: si no hubiera nacido donde nací, me hubiera gustado que fuera en Samarcanda, ciudad entrevista en un manual de José Astolfi de primer año de la lejana secundaria. Estaba en la Ruta de la Seda, como tantas otras y, como ellas, fue conquistada varias veces por ejércitos tan dispares como el de Alejandro Magno, los turcos, los mongoles.

En alguna repartición, cundo me han preguntado de dónde soy, he dicho casi con orgullo: “De Samarcanda”, sacando pecho, como si nombrara un reino con paredes de oro, una república impoluta, una dictadura justa y compasiva. El burócrata que anota, invariablemente me mira curioso y pregunta dónde queda. “Cerca”, digo, y me quedo callado, como si recordara.

Tal vez sea su nombre solamente lo que retumba en los oídos, la música de sus sílabas: Sa-mar-can-da. Los griegos le decían “Maracanda” y hoy es la tercera ciudad más grande de Uzbequistán, la Rosario o la Córdoba de ese país.

¿Si me gustaría conocerla, dice? No sé. Es una de las ciudades más antiguas del mundo que hoy sigue habitada. Se cree que nació al final de la Edad de Piedra, imaginesé. Luego Tamerlán la convirtió en la capital de su imperio. Y como casi toda esa región, hoy es territorio musulmán. Digo, como para completar la idea que se harán los lectores de ese sitio.

A veces el tintineo de las palabras confunde al hombre, haciéndole creer algo que no es. Mire si uno de estos días el destino me pone en esa ciudad, solamente para descubrir que nadie ha visto nunca un camello, ni oyó jamás las noticias de un tal Marco Polo, que hace muchos años también pasó por ahí.

Juan Manuel Aragón                   

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