30/05/2021

Opinión

¿La especulación de los comerciantes es buena o mala?

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Vendedora del mercado San Miguel, Salta.

A un comerciante le sobran unos pesos y no sabe cómo invertirlos. Le avisan: aumentará bastante el precio de la harina. Compra una camionada y la guarda en un galpón. Especula con una suba de precios: si se da, ganará dinero.

¿Obró mal el comerciante? Podría ponerla plata a interés en un banco, asegurándose una renta más modesta. Pero se arriesgó: si la harina baja de precio, perderá su inversión. Pero la incertidumbre y la inseguridad son parte de su trabajo. Y le da para adelante.

Con el dinero del comerciante, el dueño del molino se pone al día con sus acreedores, paga sus impuestos y a sus empleados, cancela las cuotas del auto nuevo. La especulación movió la economía, como lo viene haciendo desde los antiguos fenicios y antes también.

¿Es malo especular? Depende. Si en la ciudad se desata una hambruna y no vende su harina hasta no recibir una fortuna, obviamente es mala. De cualquier manera, comprar barato y vender más caro, es esencial para su trabajo. Los médicos curan, los arquitectos construyen casas, los municipales levantan la basura y los comerciantes especulan.

Son el último eslabón de una cadena. Sin ellos, al necesitar harina, caramelos o lavarropas, deberíamos comprar al lejano fabricante, pagar el flete por barco, la descarga, las tasas de importación, el camión hasta mi casa, ¿comprende? El comerciante y su especulación me ahorraron mucha plata. A quienes los critican, cabe avisarles: ni siquiera el comunismo prescindió de ellos: Mejor dicho, no le funcionó el sistema sin ellos. Si le gusta, bien, si no…

Juan Manuel Aragón                   

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