15/06/2021

Opinión

Breves sugerencias para escritores que recién comienzan

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24).
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Breves sugerencias para escritores que recién comienzan

Nunca he tenido alumnos. Alguna vez he conversado con escritores más jóvenes y uno o dos me pidieron consejos. Ha sido mi único contacto con la docencia. Ahí va lo que sugerí en esas ocasiones.

Para empezar, no se hagan socio de ninguna organización, sociedad, sindicato, agrupación, gremio o cofradía de escritores, a menos que sirvan para algo. Me explico. Si por ser socio le hacen un descuento en las librerías, le convidan café en una confitería o, al menos le entregan un vale de un hotel, si viaja a Buenos Aires, afíliese enseguida. Pero lo único que dan, con suerte, es un carnet. Y el derecho a inflar el pecho al decir: “Soy socio activo de Escritores Unidos Hispanoamericanos”. Para qué, diga.

Deben ser muy buenos, excepcionales, para vivir de lo que escriben. Para mantenerse deben trabajar de periodistas, albañiles, profesores, médicos, panaderos, contadores. Aprovechen entonces para vivir, para oir cómo habla la gente, saber qué le gusta. Tomen el pulso del pensamiento de los amigos, acumulen anécdotas, dichos, cuentos, tradiciones, sentencias, refranes, anótenlos, pues copiar conversaciones no es robar. Será la savia de sus escritos.

Lean mucho, ordenada o desordenadamente: libros nuevos o viejos, manuales, códigos, diccionarios, tratados de lo que fuere. Si después no les queda tiempo para escribir, no importa, leer es un vicio agradable e innocuo.

Esquiven el “mundo de la cultura” como de la peste, salvo para tener uno o dos maestros, con los que hablarán a), de la vida b), la familia los hijos c), el trabajo y si queda tiempo, literatura.

Escribir es un oficio inútil y desaparecido como talabartero, cochero de plaza, tipógrafo de plomos o llorona de velorios. Si les preguntan qué hacen digan su otra actividad, empleado municipal, mozo de bar, cajero de banco, obrero de Vías y Obras. Si dicen que son escritores, siempre habrá alguno que averiguará: “Bueno, pero de qué vives” y se evitarán la pena de contar la verdad. Háganlo de entrada y chau.

Juan Manuel Aragón                   

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