21/06/2021

Culturas

En el pago, “mingar” era un verbo, no una institución

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24).
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En el pago, “mingar” era un verbo, no una institución

En el pago aquel, mingar era pedir algo, un machete, yerba cuando la de casa se había acabado de repente o ayuda para construir el chiquero. No tenía el carácter de institución que ahora se le da, para mostrar un bucólico tiempo de bondades.

Era un verbo: Tu padre decía: “Juan, vete a tu tío Jashi y mingale una pala, así terminamos de cortar ladrillo”. Uno montaba en su burro, iba y le decía al tío Jashi: “Manda mi tata a mingar la pala”. Por ahí le preguntaban qué le había pasado: “La otra estaba vieja y se ha doblajeao entera”.

O se mingaba a los muchachos para que ayuden a cargar un camión con varillas de algarrobo. El camionero por ahí les daba para el cajón de cerveza o no les daba nada y eso nomás era. Hombrear varillas se hacía de favor, no esperando plata ni nada.

Hoy por ti, mañana por mí, una mano lava la otra y las dos lavan la cara”, eran dichos de las viejas. Allá éramos todos parientes. En algunos casos, cobrar un favor era una ofensa. Vivíamos mezclados los primos, y la tía Olguita no iba a cobrar por zurcir un pantalón, sólo por ser la única con máquina de coser. Una perrada tal no se le pasaba por la cabeza.

La minga no era una institución. Si después vino alguno con alma de porteño pícaro y explicó lo que no era, es otra cosa, no le voy a decir. Se trataba de una sencilla palabra, hecha de años de experiencia, cuando lo más abundante era la escasez, pero, por suerte, no lo sabíamos.

Juan Manuel Aragón                   

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