05/07/2021

Culturas

El lado oscuro de la cría de gallos de riña

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24).
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El lado oscuro de la cría de gallos de riña

El lado oscuro de la cría de gallos de riña
(Especial para El Diario 24).
Hay un lado oscuro en la cría de gallos de riña: las gallinas. En toda América existe el pasatiempo de criar gallos de pelea, entrenarlos, toparlos y sujetarse a la suerte de sus espuelas. La raza es esencial, por eso los criadores tienen solamente este tipo de aves.
En la casa de un buen gallero no se hallará jamás una gallina“pavona”, cuyos hijos no tienen la bravura de los animales de combate. Mucho menos un “doble pechuga”, pesado, fofo, cobarde. Una de las características de los buenos gallos reside justamente, en su instinto de pelear hasta la muerte.
En cientos de miles de humildes casas del campo en las provincias del norte, tienen solamente estas gallinas. A la mañana se alimentan con algo de maíz y durante el día buscan bichitos o escarban entre la bosta de vacas y caballos, para hallar qué comer. En la ciudad les dicen “gallinas aqueras”, porque comen “aca”, palabra que en quichua significa “excremento”.
Pero si un buen gallo hace ganar a su dueño, eventualmente, miles de pesos en un combate, también es fuente de pobreza, desnutrición, hambre. Mucha gente sin recursos económicos, al criar estas gallinas, se priva de sustento, pues tienen poca carne, son apenas más grandes que palomitas, y no satisfacen las necesidades de proteínas de una familia. Además, sus huevos son pequeños.
Las gallinas “pavonas” se alimentan con la misma cantidad de maíz que las llamadas “finas” y con más provecho, pues tienen más carne y ponen huevos más grandes. Erradicar la riña de gallos sería tarea ardua, pero podría generar alimentos a familias que hoy andan de la cuarta al pértigo por un puchero. Es cuestión de mostrar el camino. Pero quién es uno para dar consejos. Nadie.
Juan Manuel Aragón

Hay un lado oscuro en la cría de gallos de riña: las gallinas. En toda América existe el pasatiempo de criar gallos de pelea, entrenarlos, toparlos y sujetarse a la suerte de sus espuelas. La raza es esencial, por eso los criadores tienen solamente este tipo de aves.

En la casa de un buen gallero no se hallará jamás una gallina “pavona”, cuyos hijos no tienen la bravura de los animales de combate. Mucho menos un “doble pechuga”, pesado, fofo, cobarde. Una de las características de los buenos gallos reside justamente, en su instinto de pelear hasta la muerte.

En cientos de miles de humildes casas del campo en las provincias del norte, tienen solamente estas gallinas. A la mañana se alimentan con algo de maíz y durante el día buscan bichitos o escarban entre la bosta de vacas y caballos, para hallar qué comer. En la ciudad les dicen “gallinas aqueras”, porque comen “aca”, palabra que en quichua significa “excremento”.

Pero si un buen gallo hace ganar a su dueño, eventualmente, miles de pesos en un combate, también es fuente de pobreza, desnutrición, hambre. Mucha gente sin recursos económicos, al criar estas gallinas, se priva de sustento, pues tienen poca carne, son apenas más grandes que palomitas, y no satisfacen las necesidades de proteínas de una familia. Además, sus huevos son pequeños.

Las gallinas “pavonas” se alimentan con la misma cantidad de maíz que las llamadas “finas” y con más provecho, pues tienen más carne y ponen huevos más grandes. Erradicar la riña de gallos sería tarea ardua, pero podría generar alimentos a familias que hoy andan de la cuarta al pértigo por un puchero. Es cuestión de mostrar el camino. Pero quién es uno para dar consejos. Nadie.

Juan Manuel Aragón

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