16/09/2021

Opinión

La sal alimenta la dictadura gastronómica de los hipertensos

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24).
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La sal alimenta la dictadura gastronómica de los hipertensos

Una de las primeras que advirtió sobre el exagerado marketing de lo saludable, fue la cocinera Narda Lepes. Hace unos años, Mirtha Legrand la invitó a su mesa junto a otros cocineros. Cuando la anciana preguntó por qué cocinaban tan pesado. Le respondieron que el zapallito al vapor no es rico o al menos no tanto como un guiso.

Algunos hicieron creer a la gente que lo saludable es gusto a nada. A quien concurra a un sarao en una embajada, le servirán exquisiteces de la comida internacional, de sushi japonés a pato a la naranja de París, pasando por asado argentino, pero sin sal. Así los cocineros refuerzan la idea de que ofrecieron un plato que protege la salud.

Es el condimento más común de la cocina mundial. En general aumenta el juguito de los alimentos, disminuye su acidez e intensifica su sabor. Pero la propaganda la convirtió en enemiga en todo momento y bajo cualquier circunstancia. “Es mala para el corazón”, gritan unos sin saber, otros repiten como loros y es un consenso generalizado.

Figura en la Biblia. En el Levítico, dice: “Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal”. Pero mucho antes se la usaba para condimentar la comida o conservar las carnes rojas y pescado. En Mateo, Jesús dice a sus discípulos: “Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente”.

Por eso, doña, cuando tenga invitados, sale la comida como acostumbra, si hay algún hipertenso entre los concurrentes, que avise antes o calle para siempre. Nosotros somos antiguos y en los tiempos viejos, las minorías se amoldaban a las mayorías y no al revés. Qué se han creído.

Juan Manuel Aragón

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