18/09/2021

Opinión

Las Chismosas: El secreto peor guardado por los santiagueños

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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La plaza de las Chismosas es uno de los secretos colectivos peor guardados por los santiagueños

La plaza de las Chismosas es uno de los secretos colectivos peor guardados por los santiagueños: nos hemos dado cita, hemos pasado quichicientas veces por ahí, nos enamoramos y nos dejaron para siempre en ese exacto lugar del universo. Después de varios meses cerrada —casi una eternidad— en los últimos días han vuelto a verse obreros trabajando en su puesta a punto, mientras rezamos a todos los dioses para que conserve su esencia, es decir las Chismosas propiamente dichas, la fuente y algún rincón oscuro para los lustrines, así dejan sus cajones hasta el día siguiente.

Hasta principios del siglo pasado, ahí estaba la casa de Pedro San Germés, un francés que creyó en la industria de la caña de azúcar santiagueña y, como era de prever, fracasó en su intento. Luego de demolida, quedó para la Municipalidad y le agregaron las estatuas de las dos Gracias, a quienes, para abreviar y porque al parecer están eternamente conversando, los santiagueños la bautizamos como “Chismosas”.

Por el frente de esta placita es casi seguro que pasó el lechuguino Manuel de Tezanos Pinto, cuando iba a presentarle la Constitución unitaria de 1826 a Felipe Ibarra, que lo recibió de calzoncillos, lo sacó carpiendo y le dio 12 horas para abandonar Santiago. Era febrero, a la siesta y el tipo vestido de levita, sudando la gota gorda, a esa hora ni los ututus andaban en las calles que, a lo lejos levantaban el humito transparente del calor.

Lo último que se sabe de las Chismosas es que estaban en el parque Aguirre hasta que les terminaran de arreglar su placita. Cuentan quienes las han visto, que siguen su eterna conversación, pero ahora debajo de los eucaliptos, comentando que han estado observando un auto detenido, al costado del zoológico que antes era, con una pareja por demás sospechosa.

De manera formal, la comuna la bautizó Antonio Castiglione, antiguo dueño del diario El Liberal, pero nada en el mundo hará que los santiagueños dejen de nombrarla como la bautizaron popularmente. Uno de estos días, cuando esté restaurada, es muy posible que no nos inviten a la ceremonia de reinauguración. No importa: sabremos entonces, que el mundo ha vuelto a estar en su exacto lugar. La vida volverá a tener sentido.

Juan Manuel Aragón

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