24/09/2021

Opinión

Un recuerdo para un buen obispo muerto en un accidente

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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Un recuerdo para un buen obispo muerto en un accidente

Una madrugada, cuando llegaba a Santiago del Estero, el obispo Gerardo Eusebio Sueldo, sufrió un accidente fatal. Fue cerca de la ciudad, en un lugar llamado San Marcos, al parecer se le cruzaron caballos en el camino y volcó al pretender esquivarlos. Es, al menos, lo que declararon quienes venían con él.

La consternación se hizo presente entre la feligresía católica de Santiago, sobre todo por la valentía y entereza con que llevaba adelante un enfrentamiento con el hombre poderoso de la provincia, el gobernador Carlos Arturo Juárez. Aquella era la peor versión de quien sus huestes llamaban “el tata” y quizás la mejor del religioso. Era un obispo duro, que no estaba dispuesto a dejarse llevar por delante por un mandón de pueblo ególatra, mentiroso, pillo.

Para los funerales se dio cita la más grande multitud no acarreada ni manipulada, que quizás se haya reunido nunca en la Madre de Ciudades. La pérdida de Sueldo fue una desgracia no solamente para los fieles católicos sino para quienes veían en él, una posibilidad de librarse de quienes luego llamaron “Protectores Ilustres”, el gobernador y su esposa, Mercedes Marina Aragonés.

Si hubiera seguido en este mundo quizás nos desprendíamos también de los “JIM”, una numerosa plaga de dirigentes de menor cuantía que había estado, sucesivamente, a favor de Juárez, luego del gobernador Cesar Iturre y de su sucesor Carlos Mujica, cada uno enfrentado al anterior y con ellos a su lado “desde siempre y a muerte”. Nunca se cambiaron de camiseta más rápidos que ligeros ni lo volverán a hacer.

Todavía hoy, muchos sostienen que se trató de un atentado. No creen en la casualidad de alguien contra Juárez, que de un día para el otro se muera, es demasiado, calculan. La verdad a veces suele ser más simple de lo que parece. Dicen que a Sueldo le gustaba manejar el auto a toda velocidad y es probable que, en la ruta 9, cerca de Santiago, haya habido una tropilla suelta.

Algunos dicen en voz baja, como si tuvieran un secreto entre manos, que nunca fueron hallados los caballos protagonistas del choque. Y no vale que alguien les pregunte: “¿Y si los encuentran qué van a hacer?, ¿les van a pedir que confiesen?”. Otros, en tono de sorna calculan: “Luego de aquello, Juárez los nombró en la administración pública, categoría 24”.

Capaz que ya están jubilados.

Juan Manuel Aragón

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