05/10/2021

Opinión

La caída de Facebook, Instagram y WhatsApp que paralizó al mundo

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24).
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La caída de Facebook, Instagram y WhatsApp que paralizó al mundo

De repente dejaron de funcionar Facebook, Instagram, WhatsApp más ese equipo de la primera B de las comunicaciones, el antivacuna, conspiranoide y terraplanista Telegram, y todo queda paralizado. Nos han sacado el mundo que estaba debajo de nuestros pies, no existe más ese soporte de la vida diaria, sine qua non de la existencia de la humanidad. Si se prolonga la sequía,hasta es posible que debamos reflotar el viejo arte de conversar con la gente de nuestro alrededor. Capaz que entonces recuerde la voz de su marido, doña, cómo hablaba su esposa, amigo, o se dé con la sorpresa de que sus hijos están crecidos y siguen vivos.

Podría llegar el apagón informático del que tanto conferenciaban los que dicen que saben de internet y sanatean de lo lindo. Toda una desgracia para los reenviadores seriales de huevadas que no convencen a nadie y también para empresarios de toda laya, tamaño, color y perfume. Todo un problema para las comunicaciones en general, porque oiga, a quién se le ocurre enviar un mensaje de texto, quién los abre a esta altura de la kermés. ¿Teléfono de línea?, ¿qué es eso?, ¿con qué se come?

Lo bueno es que el tal Mark Zuckerberg, pierde fortunas por cada segundo que pasa sin arreglar el problema y la cotización de sus empresas cae de manera fenomenal. No es que vaya algo en la partida, pero siempre reconforta el alma saber que un grande del mundo está chillando como una niña. Y no quisiera estar en las zapatillas de sus técnicos a la hora de arreglar el problema, porque ¿sabe qué?, con la fortuna que también cobran, seguro que los han agarrado por el lomo con un rebenque trenzado con alambre de púa.

Como usted sabe, escribo esta notita diaria un día antes de publicada. Hoy es lunes 4 de octubre a la tarde y los portales de internet dicen que sus más grandes empresas siguen sin funcionar. Quizás si rezáramos a uno o dos dioses más, hasta el fin de semana podría estar colapsada toda la red (faltan Google, Twitter y dos o tres más y lo logramos).

Ya veo a cientos de miles de personas saliendo en estampida a comprar libros, libros y más libros, de lo que fuere, cocina, religión, arte, historia y hasta los de macanitas seudo religiosas como los del cura José Ceschi, el “Hora crucial” de Carlos Arturo Juárez, útil para limpiar la parrilla, o alguno de los textos de poemas de poetisas y poetos santiagueños, con tal de satisfacer sus ansias de seguir entretenidas con algo.

El infierno tan temido por todos puede estar a la vuelta de la esquina, si un día de estos, a un loco de la guerra se le da por infectar todas las computadoras del orbe con un virus que las destruye apenas se pone una palabra dada, pongalé “¡bomba!” (dicen que cada vez que alguien la escribe en cualquier parte de internet, el satélite de los chicos buenos de Yanquilandia le apunta con un misil intercontinental aire—aire con un explosivo personalizado como el que usan contra los líderes palestinos). O suponga que un alienado mental, armado con un hacha, corta un cable en el Valle de la Muerte, del desierto de Mojave. Y ¡bum!

Chau, chau, adiós, (por las dudas me voy despidiendo).

Juan Manuel Aragón

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