07/10/2021

Opinión

Cuáles son las creencias más arraigadas en Santiago del Estero

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24).
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Balcones de la calle 9 de Julio y las Torres Gemelas de Santiago del Estero al fondo.

Los santiagueños, como la gente de todas partes, creen en muchas cosas. Unos son católicos, otros más o menos y otros nada. Hay evangelistas, budistas, animistas, ateos, mormones y hasta dos o tres comunistas pro soviéticos, aunque parezca mentira. Los gustos musicales, son variados, lo mismo los gastronómicos, de pintura, escultura, literatura, en fin. Sin embargo, hay creencias muy arraigadas en la mayoría. A continuación, algunas de ellas.

1 - Santiago ahora es más húmedo, porque el clima cambió, ¿ha visto?, y últimamente llueve más. Si se pregunta a qué se debe, dirán que es por el dique de Las Termas de Río Hondo. Che, pero ¿a esa humedad no la llevará el viento?, pregunta uno. No sé, el clima es más húmedo. ¿Lo que dices se basa en alguna evidencia científica, en datos empíricos, comprobados? No, papito, el clima es más húmedo. Bueno, pero, en qué te basas para afirmar algo así. En que todos los dicen y chau. Es como creer en la Santísima Trinidad, una cuestión de fe, o porque sí nomás.

2 - Las mujeres de Santiago son las más lindas del país —afirman— y luego, muy sueltos de cuerpo largan: “Eso lo dicen todos los que vienen de visita”. Obvio, llega un famoso, le preguntan qué le han parecido las chicas de aquí, ¿y qué va a decir?, ¿que no le han gustado? Así no haya visto ninguna, dirá alguna frase que luego saldrá en los diarios, como “Las mujeres de Santiago me han parecido muy bellas”. Luego en Tucumán dirá lo mismo, en Buenos Aires, en Barcelona, en Cochabamba y en la Conchinchina.

3 - Los tucumanos ensucian el dique de Las Termas porque nos tienen envidia. No pocos imaginan a los tucumanos llevando la basura, todas las tardes, al río o arroyo más cercano a su casa, sólo para ensuciarles el dique Frontal. El dogma afirma que el deporte nacional de los tucumanos es odiar a los santiagueños. A todos, uno por uno.

4 - En Santiago había túneles que iban del teatro 25 de Mayo, a la Jefatura de Policía y de ahí a la Catedral. Otros iban del teatro a San Francisco y al Instituto de Obra Social del Empleado Provincial. Nadie sabe por qué se construyeron, en qué época, bajo qué gobierno, con qué sistema, por qué no se inundaban con una napa freática a flor de piel, para que servían, pero todos tienen por seguro que existieron. Algunos afirman que bajaron, pero cuando se les pide precisiones: cuándo, por dónde has entrado, con quién ibas, cómo te ubicabas abajo, de qué eran las paredes, no saben, no contestan. Y es otra creencia en algo que no existe ni existió jamás, en esta ciudad de arena y sal.

5 - Hay otros orgullosos de ser santiagueños, vé po vos. Las otras creencias, vaya y pase, pero avise, ¿cuál es el motivo del orgullo por haber nacido aquí y no en el Congo, Bengala o Kyoto? De última, la madre tenía la c*** apuntando a Santiago, por eso nació aquí, si estaba en Tucumán o en Neuquén iba a ser de ahí. Por un lado, es medio tontuelo, porque el orgullo es un sentimiento reservado para causas más propicias, como recibirse de físico nuclear, ganar el campeonato mundial de esgrima, asuntos que hayan requerido al menos un esfuerzo propio. Por otra parte, hay santiagueños que sostienen: “Qué fiero que debe ser, no haber nacido en Santiago”. Y es un dicho que exime de mayores comentarios.

Si cree que no tengo razón en todo o en parte, abajo hay lugar para injuriarme como quiera. Como se le antoje.

Juan Manuel Aragón

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