05/11/2021

Opinión

LA OTRA MIRADA

Galileo Galilei no se quedó con el invento del telescopio: se fabricó uno

(Especial para El Diario 24).

Vamos por Galileo Galilei, amigos. Digamos lo que todos saben: fue un matemático, físico y astrónomo de Pisa, hijo del músico Vincenzo Galilei y uno de los iniciadores de la física experimental. Un tipo curioso, cuando se conoce el invento del telescopio, se construye uno para observar el cielo.

Era contemporáneo de otro gran astrónomo, Juan Kepler, que no fabrica un telescopio, pero elabora la teoría de la técnica del aparato. Bueno, este Kepler supone que el Sol rota sobre su eje en tres días, por aplicar al Sol y Mercurio la razón existente entre el período de rotación de la Tierra y el de revolución de la Luna. Galileo en cambio, observa el sol con su telescopio, aprecia las manchas solares y deduce que el sol no gira en tres días sino en veintisiete. Lo ha visto con sus propios ojos, no son razones teóricas.

Fue un ferviente defensor y propagador de la de la teoría de Copérnico: la Tierra tiene una rotación en torno a su eje y una traslación alrededor del Sol. Era una teoría bastante aceptada pero que aún carecía de suficiente fundamento científico, pues, en lo que a movimientos aparentes se refiere, equivale perfectamente a la Tycho Brahe —de quien otro día podríamos hablar— que sostenía que la Tierra está quieta, los planetas se mueven alrededor del Sol y el Sol en torno a la Tierra.

A pesar de no tener demostraciones científicas del movimiento terrestre, ridiculizó a los profesores de la universidad de Milán que no compartían su opinión. La Iglesia —en defensa del personal de su universidad— lo invitó a que la considerase una simple hipótesis, comprometiéndose Galileo, por escrito, a hacerlo así.

Años después Galileo visitó al papa Urbano VIII, con quien trabara amistad cuando sólo era el cardenal Maffeo Barberini, quien le indicó que la teoría de Copérnico no estaba condenada por herética, sino que simplemente, no estaba probada. Animado con eso, Galileo, que emocionalmente ´sentía´ que la Tierra se movía, publicó su “Diálogo sobre los principales sistemas del mundo”, con el que ridiculizaba a Tolomeo y a los profesores que lo seguían.

El libro tuvo gran éxito y fue apoyado por los jesuitas y por el secretario del Papa, pero la Iglesia nombró una comisión especial —no el Santo Oficio— para investigar su actitud.

Esta comisión, fundada en su compromiso escrito dieciocho años antes, de no dar como probado lo que era una hipótesis, lo condenó a retractarse. De allí deriva la leyenda de la persecución inquisitorial y del “e pur si muove”, que habría murmurado después de firmar su retractación. Es probable que su frase sea falsa, ya que ese movimiento no estaba en cuestión.

Es cierto que impulsó la física experimental y mecanicista que dejaba de lado a la Providencia de Dios, pero es otra cuestión.

Juan Manuel Aragón


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