06/11/2021

Opinión

BOCA - RIVER

La política es una actividad reñida con el agravio gratuito

(Especial para El Diario 24).

En el Boca—River o River—Boca que es hoy la política argentina, a unos los acusan de “globertos”, por la campaña en que los macristas repartían globos amarillos y a otros de “kakas”, un juego de palabras que alude tanto a al apellido Kirchner como al excremento. Cualquiera diría que siempre hubo descalificaciones hacia los simpatizantes de otras ideas políticas. Sí, antiguamente se trataban de “peronchos”, “radichetas”, “zurdos” o “nazionalistas”. All lado de los insultos e injurias actuales eran caricias al alma de quienes pensaban distinto.

En la gente común existía el intento de, al menos, comprender buenamente al otro, entender qué lo había llevado a pensar de esta o aquella manera. Por una razón práctica, más que nada: vivimos mezclados en la sociedad, los vecinos piensan distinto y en un momento dado de la vida, cualquiera puede ser pariente de un conocido o desconocido, sin importar el partido político al que adscribe.

A cualquiera le sucedía que, siendo radical lo invitaban a una reunión social con mayoría de peronistas o al revés. ¿Y qué pasaba?, nada. Muchos sabían cómo pensaba el resto y, por lo tanto, si la conversación iba para el lado de la política, intentaban, por respeto, suavizar sus opiniones o cambiar el asunto de la charla. Si hablaban de cosas de su partido, uno se quedaba callado. Para qué levantar el dedo acusatorio. Para usar una frase de las tías viejas, había un respeto, amigos.

No existía el deber de señalar todo el día que uno estaba con este, ese o aquel partido político. Era como que uno hubiera andado por la vida a la caza de boquenses o riverplatenses para ridiculizarlos oportuna e inoportunamente. Ahora hay tipos que no aceptan una opinión cualquiera de nadie, si se sale un poquito así de lo que considera que es correcto. Amigos, modérense, en serio. Por un ratito nomás acepten a uno que les vilipendie los líderes políticos propios, nadie ha muerto por eso. Tengan calma, no se exalten.

Cada vez que pierde la elección uno de ambos bandos, cuando pasa el estupor inicial, porque las empresas encuestadoras casi siempre se equivocan, viene la etapa de “ustedes, los (llenar este espacio con un insulto para nombrar a los que piensan distinto) votaron a Fulano, que es un tal por cual, ahora van a ser perjudicados también (aquí va otra injuria bien puesta)”.

De esta manera va siendo un poco difícil que lleguemos a algo, ¿no le parece? Una vez que se gana o se pierde una elección cuadrera, habría que reflexionar, en primera instancia por qué ganamos o perdimos y luego reconocer con humildad a) si sos el ganador, que en cierta medida los perdedores también tenían una parte de razón, b) si perdiste, analiza qué habrá pasado para que una mayoría o una primera minoría piense de otra forma o c), quizás ellos tenían razón y yo voté mal.

Pero, como el ejemplo debe comenzar siempre de abajo, primero deberíamos nosotros, la gente común, dejar de insultar al vecino, al conocido, al amigo, al hermano, al padre, al hijo que opina distinto. Si votó como votó sus razones tuvo, y si queremos convencerlo de que lo haga de manera distinta, primero deberíamos entender por qué lo hizo. Nunca se construyó una sociedad desde el agravio mutuo, enorme y gratis. Y menos entre nosotros, amigos que, de última, no vamos nada en la parada.

¿Saben lo aburrido que sería el mundo si Dios nos hubiera hecho a los argentinos en serie, como los gorros Pochito o las boinas blancas? Ah, usted dice que el problema siempre fueron River o Boca. A ver amigo, diga abajo lo que opina, capaz que coincidimos. O no.

Juan Manuel Aragón


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