08/11/2021

Opinión

ESPERANZA

Pensamientos domingueros que a veces tiene la gente de a pie

(Especial para El Diario 24).

Los espíquers de las radios o la tele, cuando dicen “gente de a pie”, se refieren a nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, los tipos como uno, que muy de vez en cuando oyen sus arengas, admoniciones y diatribas. Somos los pobres diablos a quienes supuestamente abren la mente con sus esclarecidas palabras, surcando el aire como flechas que finalmente se perderán en el aire de la nada.

Estamos catalogados como una categoría a ser colonizada por esa especie de monstruo superior que toma sus papeles, los golpea levemente contra la mesa, como si los emparejara para hacer su tarea docente y se larga a hablar, ¡uf! Con la diferencia de que no tenemos derecho a levantar la mano en medio de la clase, ni siquiera para decir “disculpe, no le entiendo”.

Nos dan la lata, con la versión blanca o negra de la realidad. Sin matices, por favor, pues los grises confunden a la buena gente. Estamos hartos de las verdades de a puño. Che, en serio, ¿no hay uno que plantee sus dudas y debilidades como lo haría cualquiera de nosotros?

Después entra a tallar el algoritmo. Que muestra a cada uno sólo lo que quiere ver. La izquierda a la izquierda, la derecha a la derecha. Ambos con el disfraz de lobo elegido por los modernos gurúes de la inteligencia artificial: el sentido común. Se trata de partir de un mínimo hecho incomprobable y posiblemente falso, para provocar una conclusión absurda. Si tiene un mínimo de verdad, basta: con una pizca mínima alcanza y sobra.

Si me ha seguido hasta aquí, entenderá que este escrito, destinado a esa gran máquina de moler inteligencias que es internet, necesariamente debe estar redactado en un idioma que intentará confundir a la matemática con que se pretende reducir todo razonamiento a la lógica de amigo—enemigo. Es obvio que no lo logrará, pero valga el intento.

Usted ha catalogado este escrito para colocarlo en algunos de los cajones con que su mente los divide, a fin de evitar pensamientos laterales que podrían llevarlo a otra parte. El robot de internet fue mucho más rápido y lo hizo en la mínima fracción que cabe en una décima de segundo.

Báh, digo. Pero hoy para mí es domingo a la tarde, justo a esa hora en que otro fin de semana se escapa para siempre de la vida. Queda un rastro de esperanza que otro día quizás se haga realidad. Siempre entran a tallar estos pensamientos justo a la oración, cuando el sol no se decide a abandonar la vida, dejándonos en compañía de las estrellas.

Pero para usted hoy quizás es lunes, que su semana sea fructífera.

Juan Manuel Aragón


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