09/11/2021

Opinión

BARRAS

Una posible solución, popular, casera y barata, para la violencia en el fútbol

(Especial para El Diario 24).

Hay una solución que no compartimos para terminar con el problema de la extrema violencia que sufre el fútbol. Es popular, casera y barata. La publicamos por si a alguien le interesa, aunque sea para hacer un análisis antropológico de su posibilidad. Aunque no coincida amigo, convendrá en que los propiciadores de este recurso extremo lo tienen bien pensado.

El procedimiento comienza una vez convocados los jugadores de dos equipos, a un match con hinchadas enemigas. Empieza el partido y al más mínimo incidente se retiran los jugadores de la cancha, se invita a los simpatizantes que no quieran pelear a que se marchen. Los que quedan, bueno, que se den con todo.

Eso sí, se debe evitar que escapen los cabecillas, pues se sabe que suelen ser los más cobardes de todos. Y por supuesto, a la entrada se les habrán requisado todas las armas y objetos contundentes que lleven encima. Asimismo, se tomará la precaución de retirar del estadio todo elemento que podría ser utilizado como arma arrojadiza. Que sea a puño y patada limpios, nada de pedradas, cuchillos o fierros en la mano. Salvajes sí, humanos también.

En las salidas del estadio aguardarán varias ambulancias para llevar a los heridos muy graves a los hospitales. Eso sí, los que salgan con raspones o lastimados leves, serán devueltos prolijamente al campo de juego, para que continúen en su tarea de sacarse el gusto de aniquilar rivales con sus propias manos. La policía custodiará las puertas para que no se escape nadie que no esté debidamente mal muerto por los rivales, al menos durante unas cinco o seis horas.

Luego de lo cual, si la batahola se ha calmado, se dejará entrar a los parientes de los hinchas, para que los lleven a sus casas y los curen por las suyas, acudiendo a sus médicos particulares y comprando sus propios medicamentos. ¿Quisieron matarse?, no vayan a los hospitales públicos a curarse, busquen cómo hacerlo por sus propios medios. La sociedad no se hará responsable de una diversión ajena.

A quienes aducen que es un método bárbaro de solucionar conflictos, quienes propician este método responden que tal vez sí, pero también fue consensuado entre las partes, lo mismo que una pelea de boxeo, una de las formas más civilizadas de deporte extremo. Además, quienes son barras bravas, tienen la vocación de golpearse, por lo que darles con el gusto parece una actitud por demás justa. Saldría en los diarios de todo el mundo si la policía se trepara a un ring de boxeo a separar a los púgiles, pues están protagonizando un espectáculo violento. También en este caso evitaría meterse entre ambas parcialidades.

También hay otra solución, no menos interesante, es que se termine con alambrados y vallas y que asistan, por supuesto, hinchadas de ambos clubes. Si un solo hincha salte a la cancha, se acaba el partido, los equipos no ganan puntos y la gente pierde su entrada. Así hasta que se porten bien. O gane el campeonato el único club que terminó un partido.

La primera solución es más violenta, por supuesto, le costaría muchos votos al gobierno que decidiera ponerla en marcha, pero solo entre la gente común y corriente. La segunda es más educada. Pero entre una propuesta racional y bien fundada y otra que implique sangre, ya sabemos cuál elegirán los hinchas.

Si se quieren matar, quién es uno para andar atajándolos. ¿no cree?

Juan Manuel Aragón


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