14/11/2021

Opinión

OPINIÓN

Qué es el “sexo ecológico” y por qué es preferible el del calentamiento global

(Especial para El Diario 24).

En ocasiones uno abre los diarios de internet para encontrarse con algo nuevo y casi siempre choca en penca. Hay una nota que habla de una nueva moda de “sexo verde” y pienso que al fin hallé algo bueno. Debe ser algo así como tener relaciones al aire libre o en medio de un sembrado como la Scarlett Johansson y el inexpresivo Jonathan Rhys-Meyers, en la cinta “Match Point”.

Hubo en Santiago, en un tiempo, lugares ideales para llevar a una novia a conversar al aire libre. Al lado del viejo zoológico había un barcito que servía los lomitos en el auto, y cerca nomás había varios bancos en los que ¡bueno, bueno!, los actos de efusión románticos estaban a la orden del día. Era ideal, quedaba a menos de 10 cuadras de la plaza Libertad, por lo que también era posible ir de a pie nomás.

El único problema con la oscuridad en la ciudad, es que nunca es del todo negra. Apenas los ojos se acostumbraban, con las pupilas dilatadas, era posible ver con todo detalle lo que hacía una parejita a 10 metros de distancia… la parejita también lo veía a uno haciendo lo mismo, con lo que al rato era una orgía hecha y derecha, eso sí, como dirían hoy, con distanciamiento social y barbijo virtual, porque ninguna chusma iba a contar al día siguiente, quién con quién ni haciendo qué.

El viejo parque Aguirre, a quien muchos santiagueños deben su existencia, en los últimos tiempos está iluminado a giorno, no queda ni un solo rincón oscuro para actividades de tipo sentimental. Ni siquiera del otro lado de la costanera, cerca del cartódromo, antaño lugar para verdaderos cowboys y chicas robadas del “Saloon” de Wichita city. Hay recordados casos de dos o tres que perdieron, sólo por arriesgarse a correr ahí una aventura con una novia. Hoy en esos lugares es pleno día a las 2 de la madrugada.

¿Se acuerda de los tiempos de antes, cuando en pleno amasije con la novia, en el living de su casa y siempre puntual, a la medianoche, aparecía en la tele el cura Ceschi, con su vocecita de santo laico, proponiendo huevadas buenas? Bueno, algo así ha pasado con el sector aquel del parque Aguirre que le digo, al lado del carrito. Ahí mismo, donde íbamos a buscar un poco de sexo ecológico, bajo los algarrobos, han instalado media docena de mini templos de todas las religiones, como si una sola no bastara para borrar tanto pecado que sucedió en las inmediaciones. Qué cura Ceschi ni ocho cuartos, el Papa Francisco en persona alabó el lugar.

Adonde irán las nuevas generaciones cuando el bolsillo está flaco y las ganas son muchas, lo ignoro. Espero que sea un sitio lindo, rodeado de árboles, plantas frutales, pérgolas de jazmín arroz, con una oscuridad acorde que las proteja de los ojos indiscretos. Cuando pienso en las obras en construcción, lugares pedestres, en medio de la arena, los escombros, las bolsas de cemento, me alegro de haber nacido en otro tiempo. Tampoco deben ser agradables los portales de algunas casas, siempre con temor de que alguien abra la puerta y sea un conocido. O lo terrenos baldíos, qué horror.

Vuelvo a la nota. No se trata de sexo ecológico.  Es un artículo que habla de esos aparatos ratos que venden en los ´sex shops´, eso sí, hechos con materiales amigables para el ambiente, mire usté. A partir de ahí no quiero seguir, seguro que tratará sobre juguetes eróticos fabricados con fibras de caña bambú, bombachas de encaje creadas a partir de algodón vegano, calzoncillos símil hoja de parra elaborados con el hollejo de uva chinche. Si eso es la ecología en el sexo, prefiero los preservativos del viejo, querido e insustituible látex sintético, producidos con derivados del petróleo.

Y que se haga agua el cambio climático.

Juan Manuel Aragón




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