19/11/2021

Opinión

GENTE MENUDA

Somos chicos, comemos papitas y hacemos berrinches

(Especial para El Diario 24).

Antaño los chicos no eran importantes ni, mucho menos, el centro de la mirada de los mayores. O lo eran, pero solo por un ratito. Llegaba una visita, los presentaban, sacaban los parecidos y listo. A lo sumo, en una reunión familiar los hacían recitar una poesía o tocar el Tundete en la guitarra o el piano y chau picho.

Una costumbre maravillosa: en las fiestas de fin de año, se les ponía una mesa aparte para que no estorbaran a los grandes. De hecho, hasta que fui hombre de 20 años, seguía prefiriendo esa mesa que ya ocupaban mis primos más chicos. Era más divertida, me enteraba en qué andaban y de paso no me aburría con la conversación de los grandes.

La vida de la gente adulta no giraba alrededor de los chicos. Se los mandaba a la escuela, después iban a la secundaria y cuando eran más grandecitos, los más avispados iban a la Universidad si no se los precisaba para que trabajaran. A los 15 los varoncitos se ponían pantalones largos y las chicas tenían su fiesta en el patio de la casa o en el club. Eso era todo.

Había chicos como para hacer dulce. Nosotros éramos seis y, según decía la gente “no son tantos”. De hecho, algunos tenían siete u ocho hermanos y había familias con 10 o más. Los más grandes, varones y mujeres, ayudaban en la casa tendiendo camas, poniendo y levantando la mesa, cocinando, lavando los platos. Y muchos cuidaban a sus hermanos menores, preparándoles la leche, cambiándoles los pañales.

La vida de los chicos transcurría en un mundo y la de los grandes en otro, mucho no se mezclaban ni había para qué. De vez en cuando se cruzaban cuando en la escuela entregaban la libreta de calificaciones y venía con malas notas, entonces había que aguantar los chancletazos de la madre o la tunda del padre. Dolía un poco, pero muchas veces ese recuerdo hacía que el próximo cuatrimestre las notas mejoraran. Nada grave, si se considera que muchos lo agradecen, pues gracias a eso se hicieron hombres de bien.

Si un chico terminaba la escuela primaria y salía a trabajar, tenía los mismos derechos que los grandes, se sentaba a su mesa y por ahí —pero solamente por ahí nomás— dejaban dar su opinión sobre algún asunto. No había tantas transiciones hasta llegar a la adultez. Ahora son bebés, infantes, prepúberes, púberes, preadolescentes, adolescentes, adolescentes tardíos, jóvenes y cuando cumplen 50 años, con mucha suerte llegan a chicos, como se ve en todas partes, cuando le dicen: “Espere un momento, ya lo van a atender los chicos”. Y aparece una, con lana canosa, de 40 y pico, haciéndose la chiquilina.

Digo, como ahora nadie se siente grande, maduro, viejo, veterano, anciano, es lógico que todos, como niños, se sienten a la misma mesa. En las fiestas de fin de año, los de 2 o 3 años opinan en su media lengua de los compañeritos del jardín, de fútbol o política internacional y los padres los oyen con sacrosanto respeto, oiga bien, para que no se frustre el mocoso, mire si después lo acusa de algo con la psicóloga de cabecera. Disputan a brazo partido la pierna del pollo con el tío viejo que vino de lejos, mientras los padres lo retan al hombre o hacen un semerendo berrinche porque justo la Cocacola que compraron no es la que les gusta. (Otro día podríamos hablar de la sacrosanta gaseosa, sin la cual hay gente que no se sienta a la mesa).

En vez de 20 chicos por casa, ahora hay, a lo sumo tres, pero los mayores se sienten atados, pues el modernismo, la tele, la escuela, la iglesia y Netflix los llenaron de culpas. Miren si una madre de antes le iba a explicar al niño: “No debes comer tanta papa frita porque eso dañará tu hígado, órgano vital para la supervivencia”. No, amigo, recuerde, antes era: “Porque no se me da la gana”, mientras lo miraban fijo. Y uno entendía mucho mejor que si viniera Alberto Cormillot en persona a ilustrarlo sobre los dramas de ingerir grasas mono insaturadas o como sea que se llamen.

Digo, pero quién soy para meterme con la crianza de hijos ajenos.

Juan Manuel Aragón




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