20/11/2021

Opinión

ARTISTAS

Alguna gente critica a la música pop—folklórica quizás con algo de razón

(Especial para El Diario 24).

Hay gente que, si la invitan a un concierto, va y se queda sentada toda la hora, intentando oir, concentrada, disfrutando. Sea de música barroca o de folklore, siempre se queda quietita, en su asiento, sin molestar a nadie, sin pararse y, sobre todo, sin perder la concentración de lo que tocan los artistas. Si desde el escenario piden: “A ver esas palmas”, las muestran presurosos, aunque no entienden para qué. Tampoco comprenden qué es eso de aplaudir en medio de cada chacarera, en ese caso dicen: “Si pierden el compás, que compren un metrónomo, no somos quiénes para aliviarles el trabajo”. Y no les cabe mucho eso de completarle las letras a los artistas: “He pagado para que canten ellos no para hacerlo yo”, aducen.

Consideran que la música clásica es la que quedó atrapada entre los hilos de la historia, sobre todo por su belleza y por estar al alcance de todos. Otra cosa es la música vieja: todavía no pasó el filtro del tiempo y es bonita solamente por remitir a una era perdida. Por eso le tienen aprensión a la música pop de 40, 50 o 60 años atrás. “Tiene un gustito rancio, apesta a lo que conocimos de aquel tiempo”, sostienen.

Por otra parte, niegan el folklore, dicen que esa música no es tal, sino una especie de pop revestido de una ideología rancia, la de un sentimentalismo del tiempo pretérito. Pocos de quienes la cantan saben de qué se trata, dicen. Además, reniegan de ese estilo de baile sumamente selecto, pues ni ebrio ni dormido, un paisano de hace 50 o 60 años lo hubiera bailado, al menos de esa ridícula manera, con ademanes que remiten a un gauchismo que no sucedió jamás.

Se admiran porque, para mucha gente, la que llaman folklore es una música que debe disfrutarse tomando vino, si es posible hasta emborracharse. O fumando pastitos raros. No hallan una relación coherente entre música y alcohol, pues, cuanto más consume uno, menos entiende lo que está oyendo. Les parecería ridículo igualmente si, para poner un disco de Beethoven hubiera que hacerlo bebiendo cerveza. “Hablan de la chicha y la alhoja, pero toman vino, no tiene lógica”, indican, no sin bastante perplejidad.

A veces, qué quiere que le diga, los entiendo perfectamente a quienes hacen esta crítica de la música pop—folklórica, un estilo que remite a un romanticismo tardío, con un paisajismo vacío, con rimas en infinitivo, pasado de moda, con olor a muerto.

Juan Manuel Aragón




Recomienda esta nota: