08/03/2022

Opinión

OPINIÓN

El crimen de entregar celulares a los críos

Por: Juan Manuel Aragón
(Especial para El Diario 2)

Maestros, profesores, pedagogos, instructores, se pusieron de acuerdo en sostener que chicos de 9 o 10 años deben usar teléfonos de mano, simplemente porque saben cómo manejarlos y porque no hay cómo negarse. Sostienen que no está bien que los padres se opongan, porque es más barato y cuesta menos canas verdes no atajar su sacrosanto deseo.

Es como si educadores de toda laya y condición también hubieran acordado avisar a los padres que sus imberbes hijos deben imponer las condiciones sobre su educación. O lo que es lo mismo, el auto guiando al conductor, el caballo dueño de lo que debe hacer el sulky, el árbol orinando al perro. El mundo del revés.

Los chicos, lo vamos a repetir aquí por enésima vez, no deben tener celular hasta que lo compren con dinero propio, ganado por sus propios medios o hasta que sea imperativo para los padres, entregarles uno, lo que suceda primero. Si la primera alternativa se da a los 25 años, luego de que se recibió de una carrera universitaria y consiguió su primer trabajo, los padres suspirarán aliviados, pues, justamente, se recibieron de algo y tienen empleo.

Es criminal que un padre entregue un teléfono a su niño. Lo está privando de la libertad de tener vida de chico, de jugar, saltar, practicar un deporte, hacerse de amigos, estudiar para la escuela, leer, aprender cosas útiles, ayudar a los padres en sus trabajos, hacer los mandados, ser partícipe en las tareas de la casa, mirar el cielo, aprender juegos, hacerse de amigos, correr, jugar a las escondidas.

Los niños no son dueños de elegir cómo deben vivir, porque no saben lo que les conviene, entre otras razones. Si les dan a elegir, comerán papas fritas mañana, siesta, tarde y noche. A los 10 años no tienen edad todavía para discernir en la mayor parte de las cuestiones fundamentales de la vida.

Es criminal pensar que, una vez con el teléfono en la mano, un chico sabrá cómo usarlo responsablemente, tendrá en claro perfectamente quién es un adulto haciéndose pasar por un chico para someterlo a sus inconfesables apetitos y se ubicará con la suficiente fuerza de voluntad para dejarlo a un lado cuando quiera para jugar, estudiar, hacer la tarea o ayudar a los padres a tender las camas.

Hágame caso, don, doña, quite ya de las manos el celular a su hijo, permita que salga a la vereda a jugar, inscríbalo en una escuela de fútbol, básquet, patín, rayuela, lo que fuera. Aleje a su crío de las acechanzas del celular, no lo convierta en esclavo de un aparato maldito que, lo único que le traerá en el futuro serán disgustos y una vida repleta de frustraciones. Hágalo por usted, si no lo hace por él.

Si al quitarle el aparato maldito de las manos, el mocoso hace un berrinche, aguántelo sin inmutarse, como buen padre. De última sabe que está haciendo bien.

Por Juan Manuel Aragón





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