12/03/2022

Opinión

OPINIÓN

Los lugares que antes eran, ahora son aire en el aire

Por: Juan Manuel Aragón
Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)

Hay una manera de marchar del caballo, que el paisano del norte de la Argentina llamaba “el andar”. Como si usted estuviera caminando muy rapidito, casi a punto de trotar. Era un paso rápido, no cansaba al animal y mucho menos al paisano que lo montaba. Se daba en caballos trotones, no en los ambladores, “de paso” o “peruanos”, como los llaman en estos pagos.

Era una delicadeza de ciertos animales, no de todos, una finura antigua, un lujito. Algunos caballos no largaban jamás el andar, así como los trotones jamás aprenderían a ser ambladores, o eso decían.

Si al flete lo chalaneaban los chicos, lo hacían correr a la vareada o lo usaban para jugar, perdía ese andar. Y el paisano que había sido la envidia de los vecinos, pasaba a tener un mancarrón común y corriente, un jamelgo cualquiera.

De repente la mañana, escritorio de estas redacciones, trae un aire de otros tiempos, un dejo de brisa llegando del lado de la represa, vaya a saber. Y germinan saudades de caminos por los que ya nunca más pasará nadie: son aire en el aire, panaderos volando, nada.

¿Usted no recuerda leves detalles de tiempos antiguos? Como si de repente se iluminaran los abuelos, volvieran los padres y los amigos que antes eran. Bueno, yo sí. Es un retumbo suave en el corazón, caja chirlera sonando lejos y la vidala del tiempo, corriendo río abajo, aplazando un rato la muerte cada vez más cercana. El grito del quetuví en el patio avisa que la vida continúa.





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