13/03/2022

Opinión

OPINIÓN

Qué hacer con el tiempo de los semáforos

Por: Juan Manuel Aragón
Por Juan Manuel Aragón (Especial para El Diario 24)

A veces me pregunto qué hacen los automovilistas con el minuto que le ganan todos los días al tiempo por haber pasado varios semáforos en rojo. ¿Los van guardando para el final de la vida así se alargan la existencia en un día o dos?, ¿por llegar antes al trabajo les pagan dos pesos más y con eso pagan la cuota de la licuadora?

Luego de mucho tiempo de que existieran los autos sobre la tierra, para bridar seguridad a los peatones se instalaron los semáforos. Además, sirven para ordenar el tránsito, pero su principal misión es que los peatones crucen la calle con tranquilidad, sin andar haciendo de torero, esquivando bólidos lanzados a toda velocidad.

Por qué la compulsión que sienten los automovilistas de pasar semáforos en rojo, debería ser motivo de tesis doctorales, a fin de solucionar un grave problema que aqueja a la población: jugarse a suerte o verdad en cada esquina. O lo que es lo mismo, ser el proyectil de la ruleta rusa en que se ha convertido el tránsito en muchas de nuestras ciudades.

Os argentinos debemos tener un gen dado vuelta que, en determinados momentos nos avisa que debemos dejar de lado las reglas establecidas y darnos un gustito con la ilegalidad. Pasar un semáforo en rojo tendría el mismo sentido que robar las naranjas del fondo de la casa del vecino, total, lo más grave que podría pasar si se diera cuenta, es que me dejaría de saludar.

Si hay una frase que muestra una verdad es la famosa: “De algo hay que morir”. Usted pasa incumple una regla del tránsito y como consecuencia choca contra topadora que venía del otro lado y se muere. No hay drama, amigo, lo lloramos, lo enterramos, los extrañamos y seguimos nuestra vida adelante.

El problema es si queda rengo, si tienen que cortarle las piernas, los brazos o queda tonto para el resto del viaje. Joderá la vida a los parientes, a la señora, a los hijos, que deberán cargar con usted, como una pesada carga. Y a usted mismo, que se pasará el día entre horribles dolores o deberá renguear hasta que se muera, en fin.

Por eso respete las señales del tránsito. Si quiere jugar a la ruleta rusa, compre un revólver, si desea destrozar su auto, envíelo al desarmadero. Pero no nos embrome la vida a nosotros, no ocupe la cama de un hospital que debería servir para los enfermos en serio. No se lo pedimos por usted, sino por nosotros y por la gente que ama.






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