27/03/2022

Opinión

OPINIÓN

Las gallinas pavonas podrían ayudar a que muchos se alimenten mejor

Por: Juan Manuel Aragón
Por Juan Manuel Aragón (Especial para El Diario 24)

Como le digo una cosa, le digo otra. En esta misma página he dicho varias veces que estoy de acuerdo con la legalización de las riñas de gallos, principalmente porque se trata de una actividad tan extendida, que prohibirla podría ser más peligroso, pues surgiría una mafia para ampararla. Y también por el amor que sienten y demuestran los galleros hacia sus animales.

Pero los gallos, al menos en las provincias del norte, fomentan la pobreza. Así como hay unos cuantos poderosos dueños de criaderos de gallos, se cuentan por miles quienes crían uno o dos en sus casas. Todas sus gallinas suelen ser de riña, con la esperanza de sacar un buen pollo que les entregue sus beneficios.

Las escuálidas gallinas y pollos llamados “finos”, tienen muy poco alimento que ofrecer a sus dueños. Pero ningún gallero de ley, se animará a criar gallinas pavonas, por una cuestión cultural más que nada. Mucho menos una “doble propósito”, variedad lograda genéticamente por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria que son ideales para la producción de huevos y carne.

Las gallinas de la casa, que andan sueltas a su alrededor, necesitan muy poco alimento para mantenerse. Apenas un puñado de maíz para cada una y luego se las rebuscarán hurgando en la bosta de animales vacunos y yeguarizos o tispiarán bichitos y gusanos que van hallando. Dicen los que saben, que es por eso que son más sabrosas estas gallinas, también llamadas aqueras, justamente porque están acostumbradas a comer aca.

Las gallinas aqueras tienen, ya se dijo, más proteína y producen huevos más grandes que las de riña, aunque no son tan buenas madres, una vez cluecas es como que no sienten tanto la obligación de empollarlos. A los hombres de campo generalmente no les gustan, sobre todo porque, si sienten que van a perder una pelea, disparan para cualquier parte, algo imperdonable en uno de riña.

Si algún gobierno se decidiera a romper con la costumbre de la cría de gallos de riña, quizás debería comenzar convenciendo a las mujeres. Decirles que no es solamente por su bien, sino también por el de sus hijos. Pasa, que muchas veces los hombres no se dedican a las riñas, pero igual tienen esas gallinas por una cuestión de prestigio. En los pueblos chicos, muchas veces se ríen del que cría pavonas.

Como dije, no se trata de terminar con la riña de gallos, actividad que se practicaba en el oriente lejano siglos antes de la llegada de Nuestro Señor, sino de hacer que la gente tome conciencia de que, con la misma cantidad de maíz para sus gallinas, podría dar de comer algo más a sus hijos. Las pavonas no solucionarán el hambre del norte, pero podrían ayudar a que muchos se alimenten mejor.

Báh, digo, pero quién sabe.





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