05/04/2022

Opinión

OPINIÓN

Qué tiene la vida en los barrios cerrados que no hay en libertad

Por: Juan Manuel Aragón
Por Juan Manuel Aragón (Especial para El Diario 24)

Algunas veces pienso cómo será vivir en un barrio cerrado, me pregunto si se saludarán con los vecinos cuando se encuentran en la calle, si se sentarán en la vereda a chusmear lo que hacen los del frente o los de al lado. Entiendo que en el mundo de este lado del muro hay peligros que no están dispuestos a correr. Todo bien con ellos, ¿no?, pero no me encerraría en una burbuja por miedo a que me asalten en la calle.

Dicen que, a la mañana, cuando se levantan sienten el canto de los pajaritos, en medio de la naturaleza, un pasto verde al frente y una pileta de natación a lo lejos completando el paisaje. Qué bueno saber que no sufrirán por saber si sus chicos están cuidados, porque en ese parque inmenso, siempre habrá algún policía vigilándolos. Los autos pasarán despacito por el frente de la casa y el viento lamerá las hojas de las acacias del cercano campo de golf. Felicitaciones.

Pero, ¿sabe qué?, déjeme con mi vecino, que cada festejo pone la música a todo lo que da, atronando el pulmón de manzana en que vivo. Es posible que a usted le manden un mensaje al teléfono confirmando que su reserva de la cancha de tenis será a tal hora, mientras yo me tengo que bancar una fila tremenda para sacar dos mangos del cajero automático, pero lo prefiero, porque si no, cómo me hago amigo del que está adelante o converso con el que viene detrás.

La vida sale para todos, es cierto. Algunos prefieren vivir encerrados pero seguros, con un guardia de seguridad que los mira bien antes de entrar, no sea cosa que vengan con alguien raro en el asiento de al lado. Yo prefiero bajarme del colectivo en la parada de dos cuadras y hacer ese camino inseguro, pero con libertad, no tengo que decir ninguna contraseña para llegar a mi cuadra. El flaquito que transa merca en la esquina, me conoce de años y él no va a dejar que me pase nada.

Dicen que es hermoso vivir ahí, sentir que a uno no le falta nada. ¿Quiere comer caviar?, abre la heladera, come caviar. ¿Quiere jugar al criquet?, va a la cancha, se junta con los amigos y juega al criquet. ¿Quiere jugar al bridge?, se junta con los amigos y juega al bridge. Por suerte tomé la precaución de tener gustos baratos y si quiero tomar unos mates, me los cebo, los amigos me pasan a buscar los sábados para jugar a la pelota y después de los asados suelen armarse unas truqueadas de Padre y Señor Nuestro, viera.

Mejor hubiera sido que se quedaran de este lado y destinaran parte de la plata que tienen dar trabajo a muchos pobres, así no necesitaban andar robando celulares, sogueando en los fondos de las casas, asaltando por el puchero. Hubieran dejado de evadir impuestos y con eso, ¿saben qué?, tal vez salvaban a uno o dos de la droga, el alcohol, la miseria.

Unos roban carteras, otros roban con el contador de la empresa. Uno se encierra en la villa para zafar y el otro también. En una hay pasto verde, en la otra, pasillos oscuros. Pero es el mismo olor a prisión.

Déjeme en el barrio, tranquilo en mi intranquilidad, feliz con mi libertad.





Recomienda esta nota: