12/04/2022

Opinión

OPINIÓN

Ojo con enviciarse con el telefonito celular último modelo

Por: Juan Manuel Aragón
Por Juan Manuel Aragón (Especial para El Diario 24)

Hay algo de malevo en la manera en que se hacen viejos los telefonitos de mano actuales, como si un diablo metiera la mano para arruinarlos y, de paso hacerte renegar más de la cuenta. Con ellos se han perdido las más elementales normas de convivencia civilizada y sus inventores son unos reverendos ahijuna de buena madre.

¿Qué sucedía antes? Desde hace mucho que todo lo que se fabricaba tenía una fecha de vencimiento más o menos corta. Desde radios y televisores a planchas y secadoras de pelo, pasando por autos y hasta casas. Los materiales con que se hacían los objetos antiguos eran cada vez más berretas, pero si uno los cuidaba, por ahí duraban mucho más de lo que el fabricante hubiera querido.

Suponga, usted compraba una radio. Si tenía electricidad o pilas y no la movía del estante de la cocina, capaz que se jubilaba y seguía funcionando. Después venían nuevas, con parlantes más poderosos, con más potencia o mejor fidelidad en el sonido, pero la vieja duraba lo que tenía que durar y capaz que la heredaban, funcionando, sus hijos. Lo mismo los autos de hecho, todavía se ven en la calle modelos viejísimos que siguen dando vueltas, las licuadoras, el termotanque, los sombreros, los zapatos. Cuidándolos duraban, ¡uf!, una eternidad.

Los telefonitos, en cambio, al año se hacen viejos y los que hasta ayer funcionaban al pelo, dejan de andar y ya no es posible moverlos ni para adelante ni para atrás. ¿Cómo?, mire que tengo el teléfono impecable, nunca se me cayó, jamás le dio el agua, tampoco se lo presté a nadie. Igual, siempre algún amigo lo justificará diciendo que el “sistema operativo” es así, que debes amoldarte a los nuevos tiempos que corren y patatín y patatán.

Diga que lo necesito para laburar, si no, hace mucho que hubiera ahogado a mi aparato en una zanja con agua. Es un invento ideado para que tres o cuatro japoneses o norteamericanos, lo mismo da, se hagan inmensamente ricos haciendo viejos sus inventos a la semana de ponerlos a la venta.

Total, siempre habrá un estúpido a quien le encanta cambiar de teléfono semana de por medio, creyendo que con eso se trepará a la cresta de la ola de la modernidad. Y será un pobre esclavo de un aparato que lo único que le provoca es desear el último modelo que, por definición nunca es el último.

Allá ellos con su pobreza intelectual.





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