31/08/2022

Opinión

OPINIÓN

Los discursos de amor

Por Roque Farrán, filósofo e investigador del Conicet

Hace tiempo que hablamos de los discursos de odio, pero ¿han escuchado los discursos de amor? A raíz de la persecución y hostigamiento a Cristina, por parte del aparato mediático-judicial opositor, quienes han ido hasta su casa para apoyarla hablan amor. En vivo y en directo, cuentan por qué están ahí, cómo llegaron, qué pudieron hacer gracias a las políticas de cuidado del kirchnerismo. Repasan y se emocionan, a veces no pueden seguir hablando pero están presentes, en cuerpo y alma, vienen de distintos lados, tienen distintas edades, formación, locuacidad, ingenio, etc. Los une el amor y no el espanto.

Fuimos a Buenos Aires en un viaje relámpago. Nos volvimos el sábado temprano porque ya habíamos sacado el pasaje de vuelta. Teníamos la expectativa de participar de alguna movilización de las que se estaban gestando pero no llegamos. Al ver por televisión el apoyo del pueblo a Cristina, pese a la represión, me emociono. Me emociona escuchar los relatos emocionados. La palabra cuidado circula fuerte: un viejo militante dice que hay que incorporar a las veinte verdades peronistas la número veintiuno: cuidar a los compañeros. Otro dice: nos cuidamos entre todos y la cuidamos a Cristina. Antes una amiga me había mandado el video de Lula donde dice que él no habla de gobernar sino de cuidar al pueblo. Entonces, escuchemos cuál es la palabra clave que moviliza el saber popular: cuidado.

No me equivocaba al sostener en otra nota la palabra cuidado, y ahora escucho amor. Hablar amor no es hablar sobre o del amor, hablar cuidado no es hablar sobre o del cuidado. No se trata de elogios o críticas, sino de actos y ejercicios. El hablar amor como el hablar cuidado ex-ponen el cuerpo, la emoción, la interrupción, el balbuceo. Ponen en juego la fragilidad del ser en común, de ser parte de una trama que los excede pero entienden perfectamente: si ella se cae, si la dejamos caer, nos caemos todos. Participar de esta trama común implica ser causa adecuada de lo que nos afecta, cada quien a su modo.

No es lo principal en este momento hablar de antagonismos o apuntar a la reivindicación de derechos y demandas, simplemente se trata de estar ahí, apoyar y bancar, cantar y contar, reconocerse mutuamente a través del amor y el cuidado. Incluso a la distancia, si acaso ponemos el cuerpo en la escritura y escuchamos la palabra que hace causa común. No lo sabíamos, quizá, pero era justo lo que necesitábamos. Sin duda, habrá que seguir dando lucha y estar atentos a cada movimiento, aunque lo que orienta es el amor, es el cuidado.





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