06/09/2022

Opinión

CULTURA

Félix Guattari en mí

Por Susana Kesselman eutonista, psicodramatista, psicóloga social y profesora de Letras

Félix Guattari fue un psiquiatra, un pensador, uno de los que más alimento dio, junto con Gilles Deleuze, a mi vida profesional en los temas corporales en los que trabajo a través de la Eutonía de Gerda Alexander.

Guattari nació en Francia 30 de marzo de 1930 y falleció  en la famosa Clínica Psiquiátrica La Borde, en el centro de su país, de la que él era asistente de Jean Oury, su director, ausente ese día.

Guattari coordinaba una reunión con un grupo de pacientes. Los temas iban desde la posibilidad de cultivar hierbas a la necesidad de ordenar la circulación de los vehículos que pasaban por el los caminos internos de la clínica. De pronto, tuvo un malestar, consultó a uno de los médicos de la clínica. Él padecía problemas cardíacos, había atravesado una cirugía y su salud era precaria. Ese día, el 28 de agosto de 1992, su corazón dijo basta. Tenía 62 años.

A treinta años de su muerte doy mi recuerdo por amor, por agradecimiento, porque no quiero perderme de aquel tiempo que le puso fecha a su partida y además de otro acontecimiento tan especial que fue su entierro, que, como corresponde a quien cultiva las pasiones alegres, en el decir del filósofo Baruch Spinoza, tuvo una curiosa ceremonia.

Elijo el día de su entierro porque fue una fiesta. Más de 1.500 personas, músicos, bailarines, cantantes, poetas, reunidos en el patio del cementerio parisino de Père Lachaise le dan la despedida. 

He recogido en varias notas escritas durante estos treinta años las ideas de Gilles Deleuze y Félix Guattari. De Deleuze en sus aportes a la filosofía y de Guattari a la psiquiatría, a la Ecología.

A Félix Guattari lo conocí en un Congreso que se realizó en Buenos Aires, en octubre de 1991 en el teatro Coliseo. Un Congreso que trataba sobre los Nuevos Paradigmas en las ciencias, en las artes, en la psicología, en la filosofía y otras disciplinas que componen un pensamiento trandisciplinario.

Asistí a dos instancias de sus exposiciones, a lo que se consideraba el Pre-Congreso y luego a su exposición en el Congreso sobre El Paradigma Estético. Además, la noche correspondiente a la primera jornada del Congreso nos reunimos con él y otros colegas para continuar “nuestros interrogatorios” por las inquietudes que su exposición nos había despertado. Recuerdo muy especialmente aquel Congreso donde también conocí al físico Ilya Prigogine y a Edgar Morin y su invención del Pensamiento Complejo.

He leído y aprendido de los libros en solitario y en compañía de Gilles Deleuze y su co-pensador Félix Guattari -a cuatro manos escribieron piezas fundamentales como “¿Qué es la filosofía?” y "Anti-edipo"- una manera de pensar y hasta de abrir conceptos relativos a acontecimientos que no sólo hacen a mi mirada sobre lo corporal sino aquello que se introducen en lo que denomino Novela Corporal.

La lectura de "Mil Mesetas", libro también escrito por ambos, inicia cada capítulo con una fecha y un acontecimiento correspondiente a la misma. En el transcurso de la lectura de cada Meseta me doy cuenta que una representa un universo de acontecimientos. Entonces, ¿cuál sería la novela corporal de alguien que nació en 1938?

En principio, que su madre estuvo embarazada durante una guerra y que probablemente tuviera algún pariente en el Gueto de Varsovia y que ese pariente ha desaparecido de su biografía familiar. Esa persona podría contarse a si misma su vida sólo desde el acontecimiento de  la guerra, sin embargo, en 1938 también se filmaron y estrenaron películas, como “Las aventuras de Tom Sawyer” o “Alarma en el expreso”, dirigida por Alfred Hitchcock. Y alrededor de estos acontecimientos se abriría, se multiplicaría, un nuevo relato que no es sólo el de una madre embarazada durante la guerra.

Así, el relato del suceso que marca en cada uno la fecha de su nacimiento y el clima social de aquel tiempo se complejiza.

De las lecturas importantes de Guattari me marcaron sus  aportes a lo que se conoce como Las 3 Ecologías, la expresión que resume su idea es la frase del psiquiatra Gregory Bateson: “Así como existe una ecología  de las malas hierbas existe una ecología de los pensamientos dañinos”.
 
Este trabajo de Guattari es su búsqueda radical de dar forma conceptual y pragmática a interrogantes existenciales, para reintegrar la complejidad de los individuos. Su libido, sus sueños e inclinaciones en la ecuación política, le llevan a promover lo que llamará una Ecosofía, es decir, una integración bajo unas determinaciones ético-estéticas de lo que hasta ahora se habría abordado de manera disgregada: la ecología social, la ecología mental y la ecología medioambiental.

Rescato aquí algunas de sus ideas que considero de actualidad: Las redes de parentesco tienden a reducirse al mínimo, la vida doméstica está gangrenada por el consumo "mass-mediático", la vida conyugal y familiar se encuentran a menudo "osificadas" por una especie de estandarización de los comportamientos, las relaciones de vecindad quedan generalmente reducidas a su más pobre expresión.

La relación de la subjetividad con su exterioridad -ya sea social, animal, vegetal, cósmica- se ve así comprometida en una especie de movimiento general de implosión y de infantilización regresiva. La alteridad tiende a perder toda aspereza. Las formaciones políticas y las instancias ejecutivas se muestran totalmente incapaces de aprehender esta problemática en el conjunto de sus implicaciones.

También está vigente su referencia a los movimientos que han iniciado una toma de conciencia parcial de los peligros más llamativos que amenazan el entorno natural de nuestras sociedades ya que en general se limitan a abordar el campo de la contaminación industrial, pero exclusivamente desde una perspectiva tecnocrática insuficiente para clarificar convenientemente estas cuestiones.




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