10/11/2022

Opinión

TRABAJO DOMÉSTICO

Los tres pilares de las políticas de cuidado

Por Pimpi Colombo, Secretaria General del Sindicato de Amas de Casa de la República Argentina

Esta semana transcurre en la Ciudad de Buenos Aires la XI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe y, como es tradición en estas conferencias, el día anterior a la inauguración se realizó el llamado Foro Feminista en el Espacio de la Memoria.

Desde el Sindicato de Amas de Casa participamos, con la compañera Beatriz Mirkin, vicepresidenta de nuestra obra social y senadora nacional (MC) desde que empezaron a formarse las comisiones de organización, hace ya varios meses, y para la realización del foro nuestras compañeras de todas las provincias se anotaron para llevar a ese debate un punto de vista original, en cuanto a que las amas de casa trabajan y que ese trabajo debe ser reconocido y remunerado.

Concurrimos a participar de los talleres sobre cuidado, sobre trabajo remunerado y no remunerado, y en esos talleres pudimos expresar una demanda que viene desde nuestra historia en aquella expresión de Evita: “la madre de familia está al margen de todas las previsiones. Es el único trabajador del mundo que no conoce salario, ni garantía de respeto, ni límite de jornada, ni horario ni vacaciones, ni domingo, ni descanso alguno, ni indemnización por despido, ni huelgas de ninguna clase”, tanto que nadie dirá que no es justo asignar un ingreso para la mujer cuando forma una familia.

Más allá de los sesgos ideológicos y políticos que tuviera la convocatoria misma del foro, y más allá de saber que la mayoría de las organizaciones que concurren no tiene oportunidad de aportar al documento final estos eventos, ya que los documentos que se presentan llegan a la jornada ya elaborados, lo enriquecedor es principalmente que la participación de centenares de mujeres en los talleres de discusión sobre organización social del cuidado, el cuidado de la casa común, políticas de cuidado y trabajo remunerado y no remunerado, formal e informal, nos desafiaba a proponer algunos ejes que sin intervenir en cuestiones puntuales o sectoriales, atraviesan la mayoría de las temáticas del cuidado.

Planteamos en primer lugar que el cuidado es trabajo y es amor, que las políticas de cuidado deben partir de la realidad y que cada hogar es una unidad productiva de cuidados que tiene una mujer a cargo, que somos las amas de casa, cualquiera sea además otra actividad que se desempeñe.

Proponemos que las políticas de cuidado se basen en tres pilares: primero el reconocimiento del valor social y económico de la tarea, remunerando a quienes la realizan en cada hogar y organizaciones de la comunidad. Para ello: salario y jubilación para las amas de casa. Con mucha satisfacción encontramos en la mayoría de los debates de los talleres un eco positivo a estas demandas. El segundo pilar es la promoción de la corresponsabilidad en las tareas de cuidado en el mundo adulto, donde los varones deben asumir las que les corresponde. El tercer pilar es el desarrollo de acciones desde el Estado y el sector privado (empresas y sindicatos) que valoricen, jerarquicen y apoyen el trabajo de cuidado y prevengan y asistan en situaciones de violencia de género. En tal sentido recordamos la lucha de más de 20 años por la conformación de un registro federal de deudores alimentarios, la incorporación de la atención por violencia familiar y de género al Programa Médico Obligatorio de obras sociales y prepagas, hoy convertido en la ley 27696 por impulso de la senadora Alejandra Vigo y el apoyo unánime de los senadores de la Nación Y también, las Encuestas nacionales de Uso del Tiempo ley 27532 (que contribuyen al logro de los puntos 1 y 2), iniciativa de la Senadora (MC) Beatriz Mirkin.

Finalmente, el pasado 7 de noviembre, como cada día de los últimos 39 años, reivindicamos que en la Patria de Perón y Evita, los derechos laborales, sociales y económicos tienen que ser respetados. El trabajo doméstico es trabajo y como tal merece los derechos de todos los demás trabajos: salario, jubilación, sindicato y obra social. Porque como decía Evita, de qué valdría un movimiento femenino sin justicia social.




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