16/06/2020

Opinión

El mundo moderno comenzó cuando se inventaron los relojes

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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El mundo moderno comenzó cuando se inventaron los relojes

En los tiempos de antes de la guerra de Troya, los griegos sólo distinguían el día y la noche; luego dividieron el día en tres partes y la noche en otras tres. A las horas no las designaban por números sino de modo bastante vago: “la salida del sol”; “cuando el ágora está llena de gente”; “entre la mañana y el mediodía”; “cuando se encienden las lámparas”; “el primer sueño”. El nuevo día comenzaba al ponerse el sol del día viejo. Alejandro impuso la modalidad de considerar su comienzo con la salida del sol.

Dicen que la división del día en 24 partes nos viene de los caldeos; el número 24 parece deberse a razones astrológicas, ya que cada hora estaba presidida por un astro en turnos que volvían a repetirse al cabo de una semana. Pero también podría ser porque contaban de seis en seis y no de diez en diez como nosotros.

En la antigüedad la hora era la duodécima parte del día y la duodécima parte de la noche, de modo que las horas diurnas eran mucho más largas en verano que en invierno. Salvo para los hombres de ciencia, esta división del tiempo en horas desiguales fue común hasta que se idearon los relojes.

Hay quienes sostienen que la invención del reloj tal como lo conocemos, es el verdadero comienzo de la modernidad, pues introdujo la exactitud del tiempo en ámbitos en los que comúnmente no existía o se manejaban otras percepciones.

Por eso, doña, cuando le avisa al patrón que ya es hora i´mate, en realidad está dándose a entender igual que los griegos de los tiempos felices, cuando la humanidad no necesitaba de más artilugios que sus sentidos para decidir a qué dedicarse y no como ahora, que unos aparatos malditos indican que tenemos que levantarnos, lavarnos, vestirnos, comer, dormir, encender la tele, apagarla.

De todas las esclavitudes de la vida moderna, la más cruel de todas, las que más priva de su libertad a la humanidad, tal vez sea la de la de hora. El reloj que chicos y grandes llevan adosado a su cuerpo como una lapa, ya sea en la forma del aparato propiamente dicho o en el telefonito de mano, es el verdadero dueño de la existencia de millones de personas que lo han adoptado casi como un corazón, alrededor del cual transita su vida.

Se podrían hacer muchas más apreciaciones acerca de la tiranía del minutero dando vueltas y vueltas, haciendo que la vida pase rápidamente, consumiéndose en ganar dinero que sólo sirve para ganar más dinero, en un círculo vicioso que promete no terminar nunca.

Pero, miren qué tarde que se está haciendo.

Habrá que poner fin a este escrito.

Mañana será otro día.

Que la paz sea con vosotros.

Juan Manuel Aragón                   

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