31/01/2020

Argentina

Para rendir homenaje a su esposa, construyó la guitarra más original del mundo

Pedro Martín Ureta es un productor que vive en General Lavalle, provincia de Córdoba. Creó una obra que nunca pudo ver. Mirá de qué se trata. Escribe Juan Manuel Aragón.
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Para rendir homenaje a su esposa, construyó la guitarra más original del mundo

Corresponsalía Santiago del Estero (envido especial a Córdoba). Un paisaje guitarrístico para mirar desde el cielo creó Pedro Martín Ureta, un productor agropecuario de 70 años. Lo hizo para conmemorar a su difunta esposa, Graciela Yraizoz, que murió en 1977 a los 25 años. Pero su creador nunca lo ha visto desde arriba, salvo en fotos, porque le da miedo volar.

Los pilotos de aviones y helicópteros son los únicos destinatarios de esta belleza de General Lavalle, en la provincia de Córdoba: una arboleda de cipreses y eucaliptos forma una enorme guitarra de un kilómetro de largo.

"Es increíble ver un diseño tan cuidadosamente planeado, a tanta distancia abajo, no hay otra cosa así", dijo una vez Gabriel Pindek, piloto comercial de Austral Líneas Aéreas.

En su juventud, Ureta era bohemio. Viajó por Europa y al regresar al país a los 28 años, en la década del 60, quedó cautivado por Graciela, una chica de 17 años.

El cura, medio que se negó a casarlos porque no creía que el muchacho sentara cabeza. Pero el muchacho le demostró que estaba equivocado.

Un día durante un vuelo sobre la llanura pampeana, Graciela vio desde el aire un campo que parecía un balde, cuentan sus hijos. En ese momento, se inspiró y decidió que la finca de la familia tomaría forma de una guitarra, un instrumento que adoraba.

"Mi padre era muy joven, y estaba ocupado con su trabajo y sus propios planes", dice su hijo menor, Ezequiel, de 36 años. "Él decía 'después, hablemos después'".

En 1977, Graciela falleció: llevaba en el vientre al que hubiera sido el quinto hijo de la pareja.

Desde ese momento, Ureta se retrajo y mucho después decidió cumplir con sus deseos sobre el diseño de la estancia y, tras consultar a varios paisajistas que quedaron desconcertados con el proyecto que les proponía, se hizo cargo del trabajo.

La familia plantó los árboles, que no fue una tarea fácil. Es una región semiárida y hay vientos fuertes y sequías: hubo que resembrar y casi se abandona el proyecto.

Finalmente se le ocurrió cómo hacer para que los árboles más jóvenes crecieran y según cuenta su hija María Julia, de 39 años, fue lo más parecido a que su madre volviera a vivir.

El hombre tiene cuatro hijos Ignacio, de 42 años, es ingeniero; María Julia es representante farmacéutica; Soledad es profesora de educación especial; y Ezequiel es veterinario. Y nueve nietos.

Después de un largo tiempo, Ureta rehízo su vida con María de los Ángeles Ponzi, que está a cargo de la farmacia del pueblo. Ella dice que aprecia la belleza del tributo a la primera esposa de su pareja.

VER AQUI LA GUITARRA DESDE EL CIELO

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