23/02/2010

Tucumán

La epopeya de Bussi: matar a garrotazos

El represor asesinó con un garrote a dos detenidos en un centro clandestino de El Timbó, según dijo un testigo en el juicio.

"Antonio Bussi mató a garrotazos a dos personas en El Timbo Viejo (donde existía un Centro Clandestino de Detención -CDD-). Cuando ya no se movían, dijo que se encarguen de los cuerpos: en general, se los tiraban al costado del camino o los quemaban y enterraban en el monte".

El testimonio pertenece al ex soldado conscripto Domingo Jerez, quien declaró este martes como testigo en el juicio que se le sigue al represor Bussi en la causa por el centro clandestino de detención que funcionaba en la ex Jefatura de Policía de Tucumán, que estaba ubicada en calle Santa Fe al 800 de la capital de la provincia.

En el juicio son siete los represores a los que se juzga: Bussi, el ex jefe del Tercer Cuerpo del Ejército Luciano Benjamín Menéndez, los ex militares Albino Mario Zimmerman y Alberto Cattáneo, y los ex policías Roberto "El tuerto” Albornoz, Luis de Cándido y Carlos de Cándido.

Jeréz, que fue testigo propuesto por la abogada querellante Laura Figueroa, precisó que ingresó al Servicio Militar Obligatorio en 1976 en el Regimiento 19 de Infantería y allí permaneció durante 16 meses. En ese lapso vio que "Bussi siempre andaba por los centros clandestinos y una vez lo ví matar a dos hombres a garrotazos en Timbó Viejo”, reveló. Además, aseguró haber presenciado otros asesinatos, secuestros y diferentes operativos que llevaron a cabo las Fuerzas Armadas durante la dictadura militar.

Según Jerez, "para ellos era más fácil matarlos, torturarlos, hacerlos sufrir y desaparecer que llevarlos a la Justicia, pese a que existía la cárcel y los jueces para que se juzgue a las personas como se debía. Hay mucha otra gente que sabe, pero que tiene miedo de venir", sostuvo en referencia a la resistencia a participar de las audiencias.

Asesinatos, torturas, desaparición de cuerpos, allanamientos son algunos de los delitos que el ex soldado presenció en el interior de la ex Jefatura de Policía, donde circulaba frecuentemente Bussi. "A mí me hacían sacar la nafta y el gasoil en bidones para la quema de los ‘fiambres’, así le llamaban a los cuerpos. Si no lo hacíamos, nos mataban y pasábamos por guerrilleros”, reveló el testigo frente a los jueces del Tribunal Oral Federal, Carlos Jiménez Montilla, Gabriel Casas y Josefina Curi, en el marco de la cuarta jornada del juicio oral y público.

Bussi había dicho al comienzo del juicio que lo que él había comandado en Tucumán fue una "verdadera epopeya" de las Fuerzas Armadas.

Luego de escuchar el testimonio de familiares y amigos de dos de los 22 desaparecidos, Joaquín Ariño y Carlos Apaza, el tribunal resolvió que los siete imputados ya no podrán interrogar en forma directa a los testigos. Ahora deberán interpelarlos a través de sus abogados defensores.

Además, en respuesta a un planteo del represor Bussi, el Tribunal dispuso el cambio del horario de las audiencias del debate. A partir de mañana se iniciarán a las 9 y finalizarán a las 16.

“Dos sesiones en el mismo día pueden agravar mi salud y no sé en qué medida, a pesar de mi esfuerzo y vocación de servir a esta investigación, puedan permitirme seguir estando presente”, dijo el condenado por genocidio. Aseguró que es afectado por los dos traslados que deben hacer durante las jornadas para estar presentes en las dos partes de las audiencias. “Para los imputados, la mayoría octogenarios y cargados de enfermedades, los intervalos son usados para traslados a domicilios en Yerba Buena y prácticamente insumen las dos horas y nos impiden cualquier tipo de recomposición física”, señaló.

“Estoy proclive a sufrir graves consecuencias a poco de ser sometido a exigencias fuera de las normales. En estos cuatro días no he logrado superarme totalmente de las primeras jornadas, algunas de las cuales llevaron 16 horas ininterrumpidas”, agregó.

En tanto, el abogado de Alberto Mario Zimmermann, Eduardo Brandán, pidió al Tribunal Oral que su defendido sea asistido orgánica y síquicamente. “No comprende la realidad del proceso”, aseguró.

 



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