16/06/2010

Tucumán

Marcha de las Madres del Pañuelo Verde

Las mujeres piden por medidas que permitan rescatar a sus hijos del flagelo de las drogas, especialmente del paco.

Motivadas por la necesidad de rescatar a sus hijos del flagelo de la adicción a las drogas y teniendo como detonante la muerte de Cristian Villagra, el joven que se quitó la vida luego de una recaída en su rehabilitación, las mujeres conocidas como las Madres del Pañuelo Verde marchan todos los miércoles para protestar frente a la Casa de Gobierno y exigir ser recibidas por el gobernador José Alperovich.

Ellas decidieron movilizarse y pedir ayuda para salvar a sus hijos y esperan que la sociedad se sume al reclamo y las acompañe en cada marcha. "Nosotros estamos dispuestas a seguir luchando y le pedimos a toda la población que nos apoyen, que no tengan miedo y que luchen por sus hijos", expresó Elsa Juárez, una de las fundadoras del grupo. Remarcó que la lucha que iniciaron es contra la muerte porque "no queremos que haya un Cristian más en San Miguel de Tucumán, no queremos tener nuestros hijos zombis porque los chicos que son adictos son muertos en vida".

Las madres piden que la Policía Federal y Gendarmería intervengan en los procedimientos que se realizan en los barrios contra los denominados transas. "Nuestro clamor es que intervengan la Policía Federal y Gendarmería. Sabemos que no todos los policías de la provincia son malos, pero en este caso son cómplices de los delincuentes que venden la droga en el barrio", sentenció Juárez. También solicitan ser recibidas por el gobernador y aclaran que no aceptarán reunirse con ningún otro funcionario. "Queremos que nos reciba el gobernador José Alperovich. Que él se haga eco de nuestro reclamo. Nosotros estamos pidiendo al señor gobernador que nos de respuestas", afirmó. 

La lucha de las madres de la Costanera comenzó en diciembre de 2008, cuando Walter Santana fue asesinado a balazos, luego de una discusión con un dealer. El grupo se había autodenominado "Madres de la Esperanza", pero se fragmentó meses después. El dolor y la necesidad de soluciones inmediatas volvieron a unir a las madres de los jóvenes adictos del barrio la Costanera, que el año pasado terminaron divididas por diferencias internas.



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