31/10/2010

Tucumán

La Argentina que confronta

La historia del país es una clara demostración de que sólo confrontando con el poder constituido se puede ir hacia adelante. Escribe: Daniel J. Flores.

"Basta saber que, si los tales medios no se toman en todo este año, no encuentro (según mi tosca política), remedio alguno. Se acabó...".

Si la frase precedente fuera dirigida al Congreso de la Nación y llevara la firma de Néstor Kirchner, los medios hegemónicos dirían que la actitud intempestiva, crispada, intolerante de un antidemocrático pretende presionar a un poder independiente.

Pero no es una nota firmada por el recientemente fallecido ex presidente. Es una carta dirigida por José de San Martín a su amigo Tomás Godoy Cruz que representaba a Mendoza en el Congreso de Tucumán, más precisamente en Mayo de 1816.

Esa carta de San Martín era una clara presión a los congresales reunidos en Tucumán. Sabía el Padre de la Patria que poco podía esperarse de ese conjunto de representantes si no se "metía presión" y es un hecho registrado en el momento mismo en que la nación transitaba por el canal de parto, rumbo al alumbramiento.

Y así fue la historia argentina, siempre. Nunca, nada se hizo por consenso. Los argentinos tuvimos siempre la actitud de sentarnos en la mesa, acordar, firmar y salir a la puerta de la sala de reunión y hacer lo contrario a lo que nos habíamos comprometido.

Sin confrontación Alem e Yrigoyen no hubieran logrado el voto universal y secreto. Sin confrontación Perón no hubiera tenido su primer plan quinquenal que impulsó al país a la élite mundial. Sin confrontación este país todavía deambularía en las penumbras de la dependencia.

Pero mientras se viven los hechos, se nos hace dificil valorarlos.

Hoy todos recuerdan a Raúl Alfonsín como un presidente correcto, democrático, respetuoso de los derechos. Y ya se olvidaron que para que Alfonsín fuera eso confrontó permanentemente porque las corporaciones no lo dejaban en paz.

Se han olvidado cuando se subió al púlpito de una iglesia a replicarle a un cura que había criticado a su gobierno. Se han olvidado cuando sin ningún prejuicio llamó "cagatintas" a un conjunto de periodistas mal nacidos que lo denostaban permanentemente. "A vos no te va tan mal, gordito", una frase que quedó en la historia replicándole a un manifestante. "Mantequita y llorón", le dijo a Saúl Ubaldini que manejaba una CGT de protestas perpetuas que le hizo 14 paros generales.

Alfonsín confrontó, se peleó, insultó. Hasta llegó a declarar el estado de sitio y ordenar la detención de aquéllos cagatintas insoportables. Y lo hizo porque la democracia lo necesitaba, porque si no lo hacía se lo llevaban puesto, tal como ocurrió en el último tramo de su gobierno. Ya cansado, mandó a un hombre de bien como Juan Carlos Pugliese a hablar con los empresarios. "Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo", acuñó don Juan Carlos mientras el festival organizado por los mismos de siempre despedazaba al país con el único objeto de meter dos monedas más en sus bolsillos.

Illia no confrontó y lo sacaron con un batallón de lanzagases de la Casa Rosada, mientras el periodismo festejaba la caída de "la tortuga". Frondizi no confrontó y su traidor vicepresidente le hizo la cama en sociedad con los militares y la corporación mediática celebraba. Menem no confrontó y cedió a todo, alabado hasta el hartazgo por quienes se llenaron con las privatizaciones. De la Rúa no podía confrontar ni con su triste sombra y así le fue.

Esa es la marca registrada de la Argentina. Presidente que no confronta, fue. Congreso que no se "aprieta" se convierte en una sala de sorbedores de café inoperantes, cuando no, conspiradores.

Y Kirchner lo sabía y así gobernó y así se manejó. Lo hizo con la deuda externa, lo hizo con las "relaciones carnales", lo hizo con la Corte Suprema, lo hizo con los genocidas. Y si no confrontaba, no podía gobernar.

Esa es la Argentina, nació confrontando y creció confrontando.

Y a Cristina no le queda otro camino. Ya salieron los cagatintas a decir que está quebrada, que el peronismo buscará el consenso detrás de Scioli, que crece la imagen pero no la intención de votos, desmienten la renuncia, la comparan con la impresentable Isabel Perón.

Son lo que son, lo mismo que siempre fueron y solamente se les gana confrontando. Con decisión con energía, sin necesidad de proscribir, de encarcelar, de matar. Con leyes, con medidas. Con nacionalización de los fondos jubilatorios, con ley de medios, con asignación universal, con integración de América del Sur, con Lula, con Correa, con Chavez, con Mujica, con Evo y hasta los distantes ideológicamente: con Santos, con Piñera. Con matrimonio igualitario, con jubilaciones para los viejos, con netbooks, con rutas, con fibra óptica. Con crecimiento de casi dos dígitos. Con Lomas de Tafí, con pavimentos.

Con democracia, que es lo que estos funestos mensajeros del mal aborrecen. Queda un año de mandato y muchas cosas pendientes que terminar. ¿De dónde salieron los hijos de Ernestina? ¿De dónde salieron las acciones de Papel Prensa? ¿Cuándo entra en plena vigencia la ley de medios? ¿Seguirán los sojeros llenándose impunemente los bolsillos? ¿Seguirá la evasión fiscal de las grandes empresas?

Quebrada afectivamente la mujer, el país espera a la Presidenta.

Daniel J. Flores

 

 

 

 



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