23/02/2011

Tucumán

Juicio histórico: por cinco minutos se salvó de la masacre contra Montoneros

Gerardo Romero declaró por el juicio contra Menéndez y Albornoz. “Vi gente del ejército y de la patota policial”, dijo.

El 20 de mayo de 1976 se salvó porque salió junto a su hija María Alejandra Romero Niklison, de un año y ocho meses (hoy es la abogada querellante en el juicio) de su casa ubicada en el domicilio de calle Azcuénaga Nº 1816 del barrio Echeverría, cinco minutos antes del fusilamiento de su pareja y otros cuatro militantes de la organización Montoneros.
 
Eso le sucedió a Gerardo Romero, quien en la mañana de este miércoles dio su testimonio frente a los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tucumán, quienes juzgan por esta masacre a los represores Luciano Benjamín Menéndez y Roberto “El Tuerto” Albornoz. Contó en detalle lo que pasó al mediodía de ese día que cambió toda su vida y la de su hija.
 
Romero, quien hoy vive en Santa Fe junto a su hija, contó que había salido en su auto marca Citroen a las 11.55 de su casa para reunirse en otro domicilio, ubicado a unas 15 cuadras. Volvió quince minutos después –relató- por la calle Viamonte, y una vecina, de un grupo que estaba en la bocacalle cerrando el paso, lo frenó para avisarle que habían arrojado una bomba en una de las casas, donde mataron a todos. Y esos todos eran María Alejandra Niklison (su pareja), Fernando Saavedra Lamas, alias “Pepo”; Juan Carlos Meneses (con el nombre ficticio de Miguel Ángel González Cano), Atilio Brandsen y Eduardo González Paz, alías “Tomas” o “Martín”. En ese momento, Alejandra estaba embarazada de cinco meses.
 
“Vi gente del Ejército y estoy seguro que también estaba la gente de la patota policial (del Servicio de Información Confidencial –SIC-, a cargo de Roberto “El Tuerto” Albornoz) que nunca estaba uniformada. Y los reconocí porque los vi actuar en muchos lugares, por la forma de moverse, con armamentos pesados”, sostuvo el testigo clave en el juicio que se inició el martes pasado por el crimen de los cinco militantes en la causa denominada “Romero Niklison”.
 
Durante su testimonio se leyó el acta policial que se labró después del hecho, donde se expresa que se trató de un enfrentamiento entre subversivos y el Ejército, y que se secuestraron armas de distinto calibre en el interior de la casa. “Estoy absolutamente seguro que el acta es falsa. No había armamento, había un depósito camuflado donde se guardaba documentación, libros y revistas prohibidas en la época. Es absurdo pensar que un tremendo arsenal pueda entrar en ese espacio”, salió a aclarar Romero.
 
“Evidentemente había diferencia de ideas y proyectos políticos. Hubo un enfrentamiento pero no armado. El Ejército lo resolvió violando todas las leyes, ingresando a la casa en forma violenta después de tirar explosivos”, enfatizó.
 
Días antes al fusilamiento, Romero, que en ese entonces se dedicaba a la fotografía, contó que se dieron varios hechos de persecución en el barrio. Un helicóptero voló por la zona y alumbraba la casa, y en otra ocasión, un vehículo policial enfocó con sus faros la casa. “Unas semanas antes, también hubo un operativo rastrillo por parte del Ejército y la Policía en todo el barrio, y después revisaban casa por casa buscando elementos ilegales”, puntualizó.
 
Ya militando en la organización Montoneros, Romero recordó que conoció a María Alejandra Niklison cuando estuvieron presos en Rawson, pero recién tuvieron un acercamiento en Perú, donde estuvieron exiliados.
 
“Tucumán representaba un lugar posible para una práctica militante. La Organización (Montoneros) decide realizar un proyecto de resistencia que es permanentemente reprimido por un gobierno que anuló la Constitución. Y reprimió incluso matando a los que pensaban distinto”, sostuvo ante el Tribunal Oral. /Primera Fuente
 


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