19/10/2014

Tucumán

Sueldo

Escribe: Juan Manuel Aragón para EL DIARIO 24.

Y uno de estos días, pensando tonterías, como siempre, te das de frente con una de las verdades económicas más evidentes. Y es que cada uno vive de las migajas de los demás. Es decir, un médico no cobra gran cosa por atender un paciente, pero la suma de pacientes le hace un sueldo más o menos grande, según su talento y capacidad. Lo mismo que el verdulero, que no vive de la plantita de perejil que vende a las amas de casa sino de la manzana, la banana, la chaucha que buscan todas las mañanas las mujeres en su negocio. Y así todos. Mientras, a uno se le va yendo el sueldo en pequeñas grandes compras del supermercado, de la farmacia, de la luz, el gas y todos esos gastos que se hacen mensualmente.

Esto, por supuesto, sin entrar en cuestiones más profundas, como la plusvalía del trabajo, que figura en la obra de un tal Carlos Marx, que todos nombran pero que pocos leyeron. O en otras disquisiones no menos interesantes, como las que en algunos foros provocan los seguidores de John Mainard Keynes, sólo para demostrar que tienen razón.

Bueno.

Los trabajadores argentinos medios, llegan a fin de mes con un faltante más o menos grande. Ese faltante es producto de haber consumido bienes superfluos a principios de mes o el resultado de un sueldo exiguo. Durante su vida, los trabajadores deberían ir acumulando esta pérdida hasta resultar deudores de sumas siderales, ya sea al kiosquero de la esquina o a una entidad bancaria. Pero esto no sucede así. Y mal que mal, se sobrelleva la situación.

Es por ello que los estudiosos de las ciencias económicas, aspirantes al premio Nobel, deberían analizar por qué la deuda acumulada de los trabajadores no se infla de manera proporcional a sus gastos en objetos superfluos y por qué, mes a mes, siguen aguantando con lo que tienen. Lo que es mucho decir.

©eldiario24.com
 
Publicado en el Blog de Juan Manuel Aragón




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