17/01/2017

Tucumán

Oyeme, Angélica, llevame en tu bicicleta

Todos la vimos circular por las calles de la ciudad. Aquí la historia de la bici con techo de plástico que más de un peatón y automovilista envidia a diario.
Oyeme, Angélica, llevame en tu bicicleta | El Diario 24 Ampliar (2 fotos)

Angélica cuenta que en la calle le piden fotos y cuidan su bicicleta.

Por Florencia Soria

Los que manejan un auto por la ciudad lo saben: el tránsito es una importante fuente de estrés. Para los automovilistas tucumanos, ya no hay caminos secretos o maniobras especiales que permitan evadir los embotellamientos cotidianos. Angélica Ledesma, en cambio, sabe que la solución para este mal de urbes está sobre dos ruedas.

Hace unos días, le contaron que una foto suya había sido publicada en Facebook. Es que desde mayo de 2016, su bicicleta se convirtió en el centro de las miradas en las calles. Una pequeña Fiorenza, recientemente pintada de verde oscuro, con dos arcos encima que sostienen un techo de plástico para protegerla de las inclemencias del tiempo.

"No quiero un auto"

Angélica recuerda las una y mil tardes andando por las calles de Perico, ciudad al sur de Jujuy donde creció, en la bicicleta que ella misma se compró con su primer sueldo. "La bici fue, es y será mi medio de transporte. Nunca me falla", asegura. Para ella, pedalear es la solución a más de una preocupación. Desde las cuestiones más básicas, como el ejercicio físico o el ahorro de tiempo y de dinero, hasta el cuidado del medio ambiente.

En la trilogía vial inciden el factor humano, el factor vehicular y el factor clima. Este último componente sirve de excusa de muchas personas que se oponen al uso de la bicicleta como transporte urbano. Pero fue esa la razón que llevó a la jujeña a empezar este proyecto que demoró tres días poner en marcha.

"El primer día le llevé un dibujo de mi idea al herrero y en menos de 24 horas la tenía lista", cuenta. La siguiente visita fue a un toldero que calificó como "muy buena onda" luego de confesarle que tuvo que hacer varios intentos para colocar el plástico hasta conseguir el resultado final.

A poco de cumplir 10 meses en las calles, Angélica decoró su innovador medio de transporte hasta imprimirle su sello propio. La bicicleta ya cuenta con canasto, luces, calcomanías, un porta celular y pantallas desmontables para cubrirse del sol. Enredado en la estructura, están los auriculares que conecta a su teléfono para ir en compañía de la radio en cada diligencia. Y según cuenta, muy pronto incorporará una bocina, espejos retrovisores y, porque el calor se disimula pero no tanto, un ventilador.

Siempre lista

Los que no nos aventuramos más allá de la bicicleta fija, creemos que desplazarse por una ciudad sobre dos rueda involucra cierto peligro. Pero ni los vehículos que te arrinconan, ni puertas que se abren desalientan a esta aventurera que afirma que el tráfico tucumano no le resulta complicado. “Soy una chica entrenada y puedo decir que mientras se tenga prudencia y se respeten las normas de tránsito no tiene que haber de que preocuparse”, dice. Sin embargo, revela que la construcción de ciclovías es necesaria en Tucumán para resolver la congestión en que se sumerge el tránsito todos los días, y no sólo en la zona céntrica.

Entre sus recomendaciones a otros adeptos de este transporte, recuerda no olvidar tener en la mochila la cámara, un destornillador, una gomilla y el inflador. Con esas herramientas y algunos repuestos, siempre se está preparado para las adversidades. “Yo no recurro mucho al bicicletero, yo armo y desarmo la bicicleta. Ahora estoy aprendiendo a cambiar los frenos”, cuenta.

Dos es el número de bicicletas que le van robando a lo largo de su vida y por eso no olvida cargar el candado y la cadena. Sin embargo, Angélica asegura que la gente es la que cuida su medio de transporte mientras ella se aleja para hacer trámites. Porque ni la Bomba Tucumana le llega a los talones a esta bici que todos quieren ver de cerca y sacarse una foto para mostrar a familiares y amigos.

Y esa es la parte que más disfruta ella: el cariño de la gente. “Todos quieren sacarse fotos con la bici. Me paran mientras voy andando incluso para preguntarme como la hice”, asegura. La pequeña muñeca rubia de vestido violenta que cuelga de la parte delantera del techo, fue un regalo anónimo que se encontró un día cuando fue a retirar la bici del estacionamiento. “Ahora es mi amuleto”, se confiesa.

Con un índice de sonrisa alto y a ritmo tranquilo, Angélica ya no se estresa por el caos de tránsito ni reza para llegar a tiempo a las reuniones. Y no lo duda: se imagina pedaleando muchos años más.  ©eldiario24.com 






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