04/09/2020

Opinión

El servicio militar obligatorio: del pasado al mundo moderno

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24)
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El servicio militar obligatorio: del pasado al mundo moderno

De vez en cuando, agitada por los vientos de antiguas polémicas, se instala en la sociedad el pedido clamoroso de la vueltadel servicio militar obligatorio, como la única manera de salvar a la juventud de sus vicios y desviaciones. “Ahí aprenden a comer de todo”, dicen las madres mientras miran a los hijos que no tocan el bifecito porque está quemado.

Los mismos que se espantan porque en los asaltos, después de despojar a sus víctimas, las matan de un balazo, pretenden que además les den instrucción castrense a los ladrones y les enseñen a manejar armas. Quienes terminen la conscripción, se harían más eficientes para cometer delitos: probablemente no dejen heridos luego de robar o asaltar y dejen a sus víctimas bien muertas.

No venga con un servicio desarmado: si el entrenamiento es para defender a la patria, no pretenderá enviar a los jóvenes a la guerra a entregar flores a los enemigos: como mínimo los van a masacrar.

Dicen: “Bueno, pero ahí los hacían hombres”. Pare un momento. ¿Solamente hombres? Si la Constitución Nacional nos obliga a armarnos en defensa de la patria, justo es también que nos instruya a todos para que cumplamos ese cometido. Nada de discriminación: varones y mujeres deberían tener idéntico entrenamiento.

Lo cual lleva al siguiente problema. ¿Hay suficientes instructores para, digamos por poner un número al azar, un millón de jóvenes en la Argentina, para peor divididos en profesores de varones y mujeres o sería una instrucción mixta? En algunos países la tropa se baña en el mismo lugar, los nenes con las nenas y las nenas con los nenes. Y nadie se escandaliza.

Si a doña Felicitas del barrio Cabildo de Santiago o doña María del Huerto de Yerba Buena en Tucumán, les sigue pareciendo buena idea, afile el lápiz, deben comer durante un año. Oiga, un millón de bocas para alimentar todos los días. Si les dieran solamente guisotes pegoteados y carne de vaca vieja, ¿ha hecho un cálculode cuánto costaría el alimento y de dónde saldría la plata?

Todavía no hemos hablado de pantalón, botines, camisa, camiseta, medias, birrete, abrigo, carpas, armas, municiones, pago de un seguro por las dudas, barracas, camas, mesas, jabón, toalla, elementos para afeitarse ellos y los otros para los asuntos femeninos de ellas. Si van a prepararse para la guerra, lógico es acostumbrarlos a que el Estado les provea lo necesario para su higiene, ¿o pretende que en la casa les hagan el uniforme y les compren el fusil y las balas?

Agregue cocina, heladeras, utensilios, galpones para guardar la mercadería, enfermería bien equipada, preparación del campo para entrenar, pago del alquiler, abogados, contadores, ingenieros.

Otra cosita más. ¿Hay oficiales y suboficiales en cantidad suficiente para dedicarse a la tarea de instruir a muchachos y chicas de 18 años en los avatares de la guerra?, ¿están preparados para dar clases?, ¿no querrán un aumento de sueldo para afrontar semejante responsabilidad?

Una preguntita más, ¿están dispuestos a aprobar una nueva conscripción los partidos políticos que durante años hicieron de la humillación a las Fuerzas Armadas una doctrina?, ¿sí?, venga y cuente, la espero sentado.

Es probable que la sociedad entera esté fallando y por eso muchos jóvenes delinquen, se drogan o andan en malos pasos. La descomposición de la familia, la destrucción de los valores morales tradicionales, las costumbres desquiciadas no tienen soluciones mágicas. Un año de instrucción no arreglará nada, posiblemente agrave la situación y, para peor, quienes lo cumplan no serán aptos para defender a la patria de un ataque extranjero. ¿Por qué, pregunta? Bueno, porque esta obligación no es para componer a la juventud sino para defender a la sociedad de un ataque de otros países. Si los jóvenes se hacían hombres el año que duraba, era una consecuencia no buscada, no la razón de ser de la institución. No se confunda, los militares no eran niñeros, eran soldados.

Si quiere que su hijo le tome la sopa, doña, dele una buena tunda cuando es chico, así aprende. Es más fácil acertarle escobazos en la cabeza antes que mover toda una onerosa estructura solamente porque en su tilinguería no alcanza a vislumbrar el enorme disparate que está pidiendo.

Eso nomás quería decir.

Pero si quiere debatir, abajo hay lugar como para hacer dulce

Juan Manuel Aragón                   

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